“Mis marcas del bullying homofóbico y cómo salí adelante”

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Este es el relato en primera persona de Alejandro Viedma que, en un texto sincero y sin victimizaciones, narra los episodios de bullying que lo acompañaron en su niñez y adolescencia. Fueron momentos que vivió con angustia y casi en soledad. “Tachaba cada día que pasaba y era un aliciente ver que faltaba menos para terminar las clases”, escribe en este texto rememorativo. El recorrido se extiende, también, hacia la adultez: Alejandro es Licenciado en Psicología por la UBA y, un ejemplo, de cómo salió adelante pese a todo.
La vida de Alejandro, según sus propias palabras 
Infancia:

Alejandro, abanderado de séptimo grado
Desde muy chico sentí que no formaba parte de lo que hacían y les gustaba a mis compañeritos varones. Mis intereses se diferenciaban cada vez más de los de ellos a partir de quinto grado, o sea, a mis diez años. Y no hablo de sexualidad, porque en esa época no tenía idea de lo que era el sexo. Pero sentía que no encajaba, que no pertenecía al grupo de pibes que se constituía por los que les gustaba jugar al fútbol o empezaban a admirar a ídolos que nunca fueron los míos, como Maradona o Soda Stereo, o denigraban al que parecía el más débil… Como empecé a juntarme más con mis compañeras, comenzaron las cargadas con palabras como “marica” o “nena”. Eso se fue acrecentando en sexto y séptimo grado y, al unísono, iba escuchando en la tele, en la misa a la que asistía los domingos, en el barrio, que ser homosexual estaba mal, que era pecado, que era sinónimo de ser enfermo, algo contranatural, por lo cual fui incorporando que yo era diferente y con algo a corregir.
Recuerdo que a los once varios de mis compañeros, los mismos que ya habían dejado de elegirme para jugar y habían dejado de invitarme a sus cumpleaños (algo horrible para mí), me esperaron en el aula luego de educación física donde empezaron con cánticos agresivos. No aguanté y me puse a llorar, me veía tan en desventaja frente a ellos, como con el pudor de quedarme desnudo públicamente y aún más humillado por mis lágrimas que fueron la descarga de tiempo acumulado de tensión.
A mediados de los ochenta tampoco había comprensión y por ende contención en las familias y uno se sentía muy solo. En paralelo siempre fui un alumno destacado, tal vez inconscientemente me exigía mucho como para compensar lo que suponía que no iba a agradar a los demás: tenía las mejores notas porque eso no me costaba y me gustaba que mis padres estuvieran conformes con ese aspecto mío.
Adolescencia:
Lo peor fue a partir de la mitad del secundario -encima hice un comercial técnico en administración de empresas, es decir, estuve seis años en aquel colegio-. Me acuerdo que en quinto año empecé a tachar los días que pasaban, se ve que ya me gustaban las agendas, así que quizás era un aliciente ver que en el calendario faltaba menos para que terminaran las clases. Eso hacía menos insoportable todo: la mitad de mis compañeros había dejado de saludarme un año antes y, si bien nunca ejercieron violencia física sobre mí, sí fue muy fuerte la simbólica, verbal, psicológica con referencias homofóbicas. Y eso no fue menos duro porque, aunque no lo hicieran mirándome a los ojos, las burlas, los insultos, los grafitis en las paredes dirigidos a mi nombre, las notas que me dejaban en mi carpeta me lastimaban mucho, yo sentía mucha vergüenza, miedo y así me fui encerrando cada vez más. Por suerte tenía tres amigas en mi división, no sé qué hubiera pasado sin ellas, con quienes al menos podía hablar… En sexto la situación lejos de mejorar empeoró, porque llegó el viaje de egresados a Bariloche y fue una tortura en lugar de vivir una semana de diversión, porque dos de mis compañeros fueron por más, les dijeron a los pibes de otros colegios que yo era “re puto”, así que cuando me enteré me sentí tan expuesto, observado, evitado y mirado con sorna que lo único que quería era irme, estar en mi casa. Nunca me sentí tan aliviado como cuando terminé esa etapa.
Sentimientos/emociones rememorando esa etapa
Hoy no tengo rencor ni enojo con nadie. Hasta puedo comprender por qué la gente discriminaba: en los ’80s y ’90s estábamos en un contexto donde nos maleducaron respecto a lo que ahora se denomina diversidad sexual, sin leyes igualitarias, sin cuidarse de lo políticamente incorrecto, siendo parte de manuales de desórdenes mentales, así que no culpo a nadie aunque lo haya vivido con dolor. Pero, obviamente, no quisiera retroceder el tiempo para nada, por eso creo que hoy y mañana siempre es mejor, lo peor ya pasó.
No obstante, no olvido. En una de mis sesiones de terapia le decía a mi analista: “Recuerdo haber leído en Freud que de la guerra volvían más traumatizados los que regresaban ilesos que los que salían heridos o incluso habiendo perdido partes de su cuerpo… Los sueños eran más repetitivos en los que no tuvieron marcas corporales… Así que a veces la palabra que injuria lastima más que un látigo o una bala”. Y él me respondió: “Es que los oídos no tienen párpados, están sobreexpuestos, sin protección”, y me recordó una frase de Oscar Masotta: “No matar la palabra, no dejarse matar por ella”, es decir que no hay que quedarse callado ni permitir que la palabra que degrada provoque tanto daño. Quizá por eso es que pude hacer una transformación en positivo con esa parte de mi historia: sin habérmelo propuesto, empecé a trabajar escuchando a mis pacientes y a los integrantes de los grupos de reflexión para varones gay que coordino en la Asociación Civil Puerta Abierta, brindándoles un espacio para que puedan historizar(se) a través de su discurso y sus recuerdos.
Lo que me ayudó a sobrellevar la secundaria
Empezar a conectarme con mis gustos, ir descubriéndome como gran oyente de música, por ejemplo. Y no solo me iban deslumbrando ciertas voces o melodías, sino que transcribía letras de canciones del rock nacional en un cuaderno, de artistas que hoy todavía admiro, como Charly, Celeste, Fito. En esa época además estudiaba Dibujo y Pintura y quizá la sublimación a través del arte también hizo que expresara cosas que no podía decir con palabras. Por otro lado, la gimnasia me gustó siempre. También empecé a estudiar inglés y con los años causalmente leí autores increíbles como Patricia Highsmith, Susan Sontag, Hermann Hesse. En paralelo iba investigando mi orientación sexual y mi identidad con lo que obtenía de información en revistas con artículos o entrevistas a referentes o miraba películas de temática gay. Después vinieron los recitales, los primeros boliches en donde me di cuenta que no era el único “bicho raro”, que tenía pares, gente a la que le pasaba o sentía lo mismo que yo.
Facultad:
En 1993 me surgieron sentimientos que no había experimentado antes: entusiasmo por ir a cursar y la libertad de no estar presionado por tener que disimular algo. Y el plus de haber elegido yo la carrera que iba a seguir. No por casualidad en el CBC de Psicología pude tener mi primer gran amigo varón. Empecé a disfrutar de ir a leer al buffet de Ciudad Universitaria mientras me tomaba un café y observaba el río a través de esos ventanales enormes…
Yo no tenía idea de que me iba a dedicar a las diversidades sexuales. Se fue dando paulatinamente. Recuerdo que en cuarto año de aquel secundario tuve la materia Psicología y me encantó, así que de todo lugar negativo u oscuro, uno puede llevarse algo bueno.
Luego de más de quince años de haberme recibido, creo que es difícil atender a una persona gay, lesbiana, bisexual o trans si uno no ha sufrido esa u otra discriminación en carne propia. Creo que para abordar las diversidades sexuales hay que saber de los subtemas que conforman ese universo y, lamentablemente en el campo del psicoanálisis, aún falta apertura y actualización.
Algo para agregar:
Hoy estoy preparado para contar cosas que nunca hice públicas, cuestiones de mi vida, y lo hago porque tal vez mis palabras ayuden a alguien. Desde mi sinceridad y empatía con el otro y lejos de la victimización o de pararme en un lugar de ejemplo, no quiero ser ejemplo de nada ni quejarme de lo que viví, aunque quizás aporte mi granito de arena para que idealmente nadie más transcurra lo que a mí me hirió tanto. En ese sentido sí quiero dejarles un mensaje a los adultos que ocupan cargos de mucha responsabilidad, a los docentes, a los profesionales de la salud, a los padres: les pido que no tengan una mirada indolente, insensible frente al sufrimiento de niños, niñas y adolescentes en general y, sobre todo, al de los LGBT; es de suma importancia que estén atentos porque cuando te lastiman te vas cerrando gradualmente, aislando y, cuanto menos un pibe hable y socialice, más problemas tendrá en su vida ya que su autoestima va decayendo.
En general un chico que no se percibe o no se va perfilando como heterosexual cree que no tiene un lugar porque está más en soledad y en silencio que otra persona de cualquier otra “minoría” discriminada, se va metiendo en el placard porque advierte que no puede compartir con su familia lo que siente y cómo está siendo violentado, agredido, y eso no sucede con por ejemplo niños o adolescentes judíos, afrodescendientes, de países limítrofes porque comparten la misma característica que sus padres, quienes pueden ayudarlos porque los entienden, contienen y defienden. Por tales motivos, la tasa de suicidios de adolescentes y jóvenes LGBT es mayor comparada con la de adolescentes y jóvenes heterosexuales.
En la actualidad todos los adultos somos responsables. No puede justificarse más la discriminación o la complicidad por ignorancia. En 2016 tenemos mucha información, leyes que protegen, despatologización y si alguien no sabe también es responsable por no informarse. Que la falta de datos e ideas no camufle la maldad y la impunidad de herir al otro, cosas feas que lastimosamente todavía habitan en nosotros, los humanos.

Perfil del Lic. Alejandro Viedma

Alejandro Viedma es Licenciado en Psicología, egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Psicoanalista, Coordinador de grupos de reflexión y Supervisor de terapeutas
ContactoCelular: +54 9 11-6165-4485

Ha realizado diversos postgrados, seminarios y cursos en instituciones y hospitales porteños, entre otros, en Clínica Psicoanalítica, Acompañamiento Terapéutico, Recursos Técnicos para la Coordinación de Grupos, Género y Diversidad Sexual. También ha disertado en varios congresos, facultades, simposios, foros, organizaciones, jornadas y conferencias en la Ciudad Autónoma de Bs. As., en otras ciudades del interior de la Argentina, en Bogotá (Colombia) y en Tel Aviv (Israel). Tuvo participaciones en programas de TV (en canales como CNN en español, Telesur, Telefé, América TV, TN, La TV Pública, C5N, 360 tv Digital, LN+, etc.) y radio y colaboraciones en diarios locales. Escribió en diferentes medios gráficos y portales online de distintos países. 



Autor y editor, desde fines de 2007, de su blog www.alejandroviedmapsi.blogspot.com.ar y de su fan page (desde 2011) en facebook Alejandro Viedma Psi: https://www.facebook.com/pages/Alejandro-Viedma-Psi/197298870290333?ref=hl#!/pages/Alejandro-Viedma-Psi/197298870290333 


Desde hace casi 15 años se dedica, de manera privada, a la clínica de adultos, y coordina grupos de reflexión para varones gay en la Asociación Civil Puerta Abierta a la Diversidad, además de brindar talleres y asesoramiento a empresas, colegios e instituciones varias. Ofició de presentador de libros y modera cine-debates con filmes que aborden las Diversidades Sexuales.

*Tratamientos analíticos: Asistencia individual a Adultos; parejas, familias y grupos. Solicitar entrevista.
*Consultorio privado en zona de San Cristóbal, CABA.


 *Agosto de 2016: viajó a Bogotá para ofrecer una charla-conversatorio sobre Diversidad Sexual, a 15 años de haber rendido su última materia de la carrera de Psicología.
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Alejandro Viedma is graduated in Psychology (University of Buenos Aires), and has experience in coordination of groups for GLTB issues. He is also supervisor of psychotherapists.
He has several post graduate studies and has attended various courses in hospitals and NGO in Buenos Aires; among them: Psichoanalitic Clinic, Technical Coordination of Groups, Gender and Sexual Diversity, Therapeutic accompaniment.
He takes part in radio and TV programs.



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Muchas gracias!!!

¿Comentarios?


Género, Orientación Sexual, Identidad y Ley

Muchas gracias "Toma 71 Producciones" por enviarme este material grabado el 17 de junio de 2016, cuando me entrevistaron. Me convocaron para aportar algunos conceptos respecto de las Diversidades Sexuales.  
Gracias a los estudiantes universitarios que se acercan hasta el consultorio interesados por mi trabajo. Esta instancia de los reportajes en los cuales participo también es parte de la tarea en donde, conjuntamente, seguimos aprendiendo, compartiendo, informando y difundiendo.
Estuvo muy bueno participar de un documental realizado por estudiantes de la Carrera de Diseño de Imagen y Sonido!
Les comparto algunas imágenes de ese encuentro:



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Lic. Alejandro Viedma charla con Roberto Pettinato

Muy buenas! Cómo están? Les comparto video con audio de la comunicación telefónica que mantuve con Pettinato y su equipo para su programa de la radio Rock and Pop, hace unos meses. Charlamos sobre subtemas afines a las diversidades sexuales, a las personas LGBT. 
El conductor Roberto Pettinato entrevistó al lic. Alejandro Viedma en su programa “Radio Rana”, el día 29 de marzo de 2016. El equipo de la radio conversó con Viedma, entre varios temas, acerca de las Diversidades Sexuales, las personas LGBTIQ, el amor en las parejas cuando un integrante de la misma reasigna su sexo, las cuestiones culturales de género, las translesbianas o transbianas, la diferencia entre la orientación sexual y la identidad de género.
¿Qué les parece la nota? Saludos y buen arranque de semana!
Más info en: https://www.facebook.com/Alejandro-Viedma-Psi-197298870290333/  (Sumá tu Me Gusta, gracias!).


Video-reportaje para Telesur

Gracias al programa Congenero, de Telesur, por el envío sobre Puerta Abierta! Junto a la lic. Graciela Balestra hemos informado acerca de la historia, las actividades actuales y los objetivos del centro.

En mis palabras: “Este es un espacio donde empezamos a fortalecernos, a empoderarnos… Donde puedan sentirse más seguros de sí mismos, donde pueden trabajar cuestiones de su identidad, que es lo más importante y lo más fiel a uno mismo, lo más íntimo y sincero que uno puede tener, y en particular la orientación sexual o la identidad de género… Entonces estas cuestiones, por ahí, no se pueden hablar en otros lugares”. 

¿Qué opinan?



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Tercera edad y diversidad sexual

Mi participación, junto a la de otros especialistas y activistas de la Diversidad Sexual, en este video-informe de 360 TV.

En palabras mías: “Me formé en la UBA (Universidad de Buenos Aires) en los 90 con el concepto de perversión, la homosexualidad era igualada... Veníamos del concepto de enfermedad, en la psiquiatría lo mismo, para la iglesia pecado mortal…”. Y respecto de Puerta Abierta a la diversidad, el primer Centro de Jubilados Lésbico Gay de Latinoamérica, expresé que es: “Un espacio donde se pueden (los adultos mayores LGBT) sentir a gusto, cómodos y tranquilos que se los va a contener, se los va a escuchar…”.


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Entrevista por estudiantes

Hola! Cómo están?
Les comparto esta segunda parte del reportaje que me realizaron estudiantes de la carrera universitaria de Comunicación hace un par de años; en el mismo comenté sobre las leyes igualitarias que se conquistaron en nuestro país en el lustro pasado, legislaciones novedosas que protegen a las personas que integran el colectivo LGBTIQ, considerando esta ampliación de derechos como un gran avance social.

Aquí tienen parte de mi racconto sobre las leyes nacionales e hitos mundiales: “La Ley de Matrimonio Igualitario (2010) posibilitó que se tenga menos miedo para hablar”; “También en el 2010 se modificó la Ley de Salud Mental argentina, la cual despatologiza”; “La homosexualidad es retirada de la lista de enfermedades de la APA (Asociación Psiquiátrica Americana) en 1973, en 1990 ocurre lo mismo por parte de la OMS (Organización Mundial de la Salud) y últimamente ya no figura la Disforia de Género en los manuales de Psiquiatría”; “En 2012 se aprueba la Ley de Identidad de Género argentina, en aquel año la más avanzada del mundo”.
Además expliqué la importancia de la visibilización, la salud, lo grupal y el campo del trabajo para las personas trans.


Saludos y me gustaría saber qué opinan… Gracias! 



 Links permanentes:

Primera parte de la entrevista en:

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Qué pasa en una pareja heterosexual cuando uno de los dos se asume transexual

Publicado por
PARA LA NACION
MARTES 29 DE MARZO DE 2016 • 01:40
Psicólogos reflexionan sobre el tema y coinciden en que el amor, la aceptación, el compañerismo y la lucha contra los prejuicios pueden lograr que la relación continúe


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"Sí, he transicionado", dijo Lilly Wachowski, la directora de Matrix, la semana pasada a sus 48 años. Como su hermana Lana, que cambió su identidad de género en 2012, la cineasta se declaró transexual.
De este tema también se ocupó recientemente el cine en La chica danesa (la película dirigida por Tom Hooper). El film toma un caso real de una pareja de pintores daneses de principios del siglo XX. Eddie, el marido, demuestra su deseo latente de ser mujer. Él se da cuenta que ya no quiere vestir como hombre, ni tener cuerpo de hombre. Y Gerda, la esposa, lo acepta. Más tarde Eddie, que ya adoptó la identidad de Lilly -paradójicamente el nombre que decidió tomar Wachowski- decide operarse para transformar su cuerpo. Y Gerda continúa acompañándolo.

¿Cómo muda el amor con la transformación de sexo de uno de los miembros de la pareja? ¿Desde dónde se construye y qué barreras rompe para que acompañar y entender al otro sea más fuerte que el deseo y las necesidades propias? ¿Acaso es el amor más puro? ¿Cómo decirle a la persona que amás que ya no querés ser quien sos?
Estas parejas heterosexuales que dejan de serlo cuando uno de los dos se asume trans no sólo se ven en las películas. Ariel, un ingeniero de 35 años, casado, enamorado de su mujer y padre de una hija de 5 reconoció en su espacio terapéutico que toda la vida se sintió mujer. De chico se ponía los vestidos de su mamá y así era feliz por un rato, pero al crecer lo reprimió. Se puso de novio con una chica y se casó. Aclaraba que no era gay pero ya no soportaba su cuerpo ni su imagen varonil y quería ayuda para cambiar, para convertirse en la mujer que siempre habitó en él.

¿Pero cómo dar el paso con una esposa y una hija? Romper los prejuicios es para el licenciado en Psicología Alejandro Viedma, especialista en Diversidades Sexuales y coordinador de grupos de varones gays, la prueba más difícil. "Superar el 'qué dirán' y las luchas internas producto de la mala educación que hemos recibido respecto a las diversidades sexuales y particularmente respecto a las personas trans es la barrera que hay que trascender. Poder enfrentar los miedos e incertidumbres para hablar del tema, primero con tu pareja, luego con tus allegados y después o al mismo tiempo en los otros espacios sociales como lo es el ámbito del trabajo. Uno también se permite, así, traspasar los límites propios, límites de la cabeza y la piel que antes producían mandatos tales como: 'yo no podría estar con una persona trans'", dice.
El amor significa -para Viedma- romper con estructuras que parecían inamovibles. "Un ex paciente decía hace unos años en una sesión: 'Yo amo a mi pareja (otro varón). Incluso si él decidiera el día de mañana operarse para cambiar su sexo, asumirse como mujer trans, la seguiría amando porque yo me enamoré de su ser, de su persona y quiero que sea feliz'".
El temor de Ariel a perder a su mujer y a su hija que tanto amaba le impedía avanzar con su decisión. Después de un año y medio de terapia, que implicó entrevistas de la psicóloga con la esposa y con ambos a la vez, le dio lugar al cambio. La mujer al principio no aceptaba a otra mujer como cónyugue, quería al hombre que siempre había tenido pero con el tiempo, diálogo y terapia, lo entendió, acompañó y hasta ayudó a explicarle el caso a la nena.
El licenciado sostiene que es posible mantener el vínculo con "un amor fuerte" y explica que el lazo "se sostiene apoyando, estando presente, tratando de comprender, escuchando, priorizando el deseo del compañero a 'su amor por el hombre que ya no era', como se diría en tiempos actuales: soltando. También pudiendo respetar las diferencias, porque cuando ambos comparten por ejemplo gustos, ideales, valores, formas de ser, proyectos, no es muy difícil continuar con la pareja".

Para él la clave de que una relación con estas características tiene que ver con el amor, con un amor especial. "Surge desde el sentir por el otro algo tan poderoso y profundo que te lleve a que dejes de lado parte de tu ego, de tu narcisismo. El amor como sinónimo de aceptación del otro, con su falta, con su incompletud e imperfecciones, con sus limitaciones, búsquedas y virtudes. Se construye cuando el ser amado te despierta cosas en el corazón, en la mente y en el cuerpo que no te pasan con cualquier persona. Y cuando ya no hay 'peros' como: 'Te amo, pero... quiero que cambies'", dice.
Finalmente Ariel cambió de nombre, de DNI, comenzó un tratamiento hormonal y está preparándose para próximas cirugías. Hoy dice que es la primera vez en su vida que puede sentirse completamente feliz.

El nombre del protagonista fue modificado por su privacidad pero el caso tuvo lugar en el espacio terapéutico de la licenciada en Psicología Graciela Balestra que conduce junto a Silvina Tealdi Puerta Abierta, un espacio social, cultural y terapéutico lésbico gay. "Si bien este es un recorte muy resumido de lo que fueron innumerables sesiones con altibajos, lo que resalto es que cuando las personas tienen deseo y voluntad de estar bien, pueden lograrlo, y que ese sentimiento de que jamás lo lograrían desaparece al recibir ayuda", señala la profesional.

Sobre esto reflexiona la psicóloga Adriana Sonis: "En todo vínculo amoroso hay partes silenciadas, no habladas, tácitas, y en cada uno siempre hay algo por conocer, algo ajeno. No podemos hablar de generalidades, cada sujeto, cada vínculo amoroso es complejo y es singular. Cuando uno de los integrantes de la pareja comienza a cuestionarse, a mudar su identidad sexual y empieza a circular el deseo de reasignar su anatomía sexual, se inicia un proceso de conmoción, de violencia, de cuestionamiento doloroso y de pérdida, de duelo". Y agrega que "es una herida conmocionante porque ese otro que es objeto de amor se va alejando, desvaneciendo, hay una reacción de asombro y susto por esa pérdida".

Pese a esto para Sonis "en algunas parejas este hecho se puede procesar y logran recontratarse", pero para eso, para que ese otro siga existiendo "hay que desandar un camino con ese cuerpo que fue elegido, reconocerlo, re-erotizarlo, volverlo a hablar, poner en palabras, aprehender y permitirse reconocer que hay tantas sexualidades como sujetos existen".

Los casos de transexualidad son singulares, cada vez son más y en cada pareja implica un proceso muy complejo y diferente. A algunas personas asumir su deseo de ser transexuales les puede llevar años, décadas o nunca conseguirlo, sin embargo para los psicólogos consultados se trata de un "recorrido paulatino" que implica "dudas, temores, ansiedad, angustia, hasta llegar al alivio y a la alegría de ser 'uno mismo'".

Cuando existe un amor intenso, de aceptación y deseo de acompañar al otro la pareja puede superar los obstáculos y sostenerse. Los cambios son paulatinos y forman parte de ese proceso de transformación donde no sólo cambia un cuerpo sino también un sentimiento y una forma de estar en relación al otro. "En lo que has dibujado me he convertido. Me hiciste hermosa y ahora me estás haciendo fuerte. Hay tanto poder en ti", le dice Eddie a Gerda en La chica danesa; el cambio y la decisión es de a dos.

La segunda salida del placard: ser gay y vivir con VIH

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Ser gay y querer contarlo, la primera salida del clóset. Tener VIH y querer contarlo, la segunda salida. ¿Cómo se viven ambos momentos? ¿Qué similitudes tienen? ¿Cuándo es el mejor momento para hablar de cuestiones tan íntimas? Alejandro Viedma comparte con los lectores de Boquitas pintadas algunos apuntes sobre su experiencia en el consultorio con varones gays que viven con VIH en un intento por responder a estas preguntas.
La segunda salida del placard
La importancia de profesionales y consultorios inclusivos
En mi clínica analítica con adultos vengo notando, de parte de varones gays que viven con VIH, la necesidad de atenderse con psicólogos y médicos “amigables” para abordar estos temas.
Según mi punto de vista no es justificable, hoy en día, que profesionales de la salud trabajen en sus consultorios con prejuicios por falta de información actualizada o que reproduzcan conceptos preestablecidos que están cimentados por una ideología moralista y hegemónica, o por otras causas que llevan a juzgar, criticar o direccionar el deseo del paciente, precisamente lo más singular que posee. En ese accionar, el profesional, se estaría comportando de una manera poco ética, más allá de que esté en juego o no el tema del VIH-SIDA.
Yo tomo el camino de contener a ese sujeto que consulta, alojar los interrogantes que se hace y así co-pensarlos, ver cómo está dicha persona, cómo vive, qué siente, cómo se maneja con los cuidados en sus prácticas sexuales y, en todo caso, revisar por qué se conduce de tal forma, más allá de con quién y cuántas veces mantenga relaciones sexuales; todas cuestiones a desplegar si la infección del VIH se hubiera producido por la vía sexual.
En los últimos tiempos y conforme mi experiencia, los pacientes buscan un profesional que les brinde serenidad; así como la persona infectada espera de un psicólogo que pueda contener la “intranquilidad” que suele generar tener un diagnóstico positivo, alguien que pueda escuchar el llanto, el enojo, los temores, las incertidumbres de saber que uno vive con el virus y a partir de allí ayudar a esa persona a que pueda construir alternativas saludables, de un infectólogo precisan recibir algo como: “Si te comprometes con este tratamiento vas a estar mejor, mantené la calma y seguí las indicaciones que te doy”. Y, por supuesto, también están atentos a que el psicólogo esté sensibilizado en el tema, que sea idóneo, es decir, que el saber profesional esté acompañado de la empatía necesaria para crear un clima de confianza, porque ya bastante violencia vienen recibiendo de lo social. Por tales motivos, desde la primera entrevista, los consultantes que arriban con un padecimiento subjetivo de gran magnitud (sobre todo si recientemente tuvieron un diagnóstico positivo), no dejan de tantear qué cara pone el analista, si cambia su lenguaje corporal, si es otro ser más que los va a discriminar, si “se queda mudo” o qué dice cuando por fin pueden manifestar eso que les cuesta mucho abrir en sus otros círculos sociales, principalmente en el laboral y en el afectivo, donde la mirada de los más cercanos, familiares y amigos, es la que consideran más preponderante.
Resumiendo este apartado, la actitud del terapeuta con un paciente que vive con VIH o SIDA es fundamental al momento de abordar qué es lo que provoca la infección del VIH en las personas. Saber que vivir con VIH se entiende, del lado del profesional, como una característica más de alguien, baja los niveles de ansiedad y estrés, y ese es el primer paso para que una persona seropositiva pueda abrirse, con menos dificultades, al resto de su gente.
¿Cuándo es el mejor momento para contárselo?
Viñeta de un ex paciente a quien llamaré Camilo, de 30 años
“No sé cuándo es el momento indicado para contarlo, esa situación para mí nunca es cómoda, aunque ahora es menos dura que antes… siempre me conectaba al momento que me dieron el diagnóstico positivo, me actualizaba aquel día y me producía dolor, me angustiaba”.
Aquí entran a jugarse diversas cosas a nivel psíquico. Cuando una persona se entera que vive con VIH suelen emerger cuestiones relacionadas con la enfermedad, el deterioro, la muerte, ya que crece el grado de vulnerabilidad al mismo tiempo que baja la autoestima. Parte del dolor y de la angustia que expresa Camilo en su testimonio tal vez tenga que ver con su pregunta, pero a ese interrogante le precede o subyace además otra pregunta: “¿Se lo tengo que decir?”. En este punto, muchos sujetos que viven con VIH diferencian si se encontrarán con un otro “sólo para sexo” y, en esa circunstancia no consideran que haya que decirlo, o si sienten que aquel compañero sexual podría devenir en un novio o una pareja, como apuntaba “Camilo”.
Por otro lado, están presentes las expectativas por las respuestas del partenaire. En aquella sesión de terapia, Camilo continuó: “El miedo a que te rechacen siempre está… (Se toma unos segundos para repensarlo). Ahora no sé si es temor, pero no deja de ser desagradable si lo toman mal, hay un malestar. Yo siempre me cuidé con preservativo, pero más de una vez, cuando creí que la cosa podía avanzar con alguien para algo más que sexo y pude hablarlo, me contestaron: “¿Por qué no me lo dijiste antes?”. Y qué sé yo cuándo es ese “antes”… ¿Antes de vernos?, ¿cuando empezamos a chatear?, ¿cuando nos vimos por cam?, ¿cuando nos conocimos personalmente?, ¿a la tercera salida? Si no sabés qué va a pasar… O supuestamente lo tomaron bien, y a la semana se borraron”.
Me gustaría sumar, a lo que antecede, algunas preguntas propias: ¿por qué aparece la necesidad de contar que uno vive con VIH o SIDA?, ¿qué sucedería si no surgiese esa necesidad? En definitiva, lo más importante ¿no es implementar las medidas de auto cuidado?
Lo grupal para empoderarse
En 12 años de coordinar grupos de encuentro y reflexión para varones gays predominantemente mayores de 35 años en la Asociación Civil Puerta Abierta, sólo excepcionalmente algunos contaron que son seropositivos. Sí lo hicieron en un espacio más privado, como lo es el consultorio de su analista o con amigos muy cercanos.
Sostengo, por lo precedente, que esta cuestión se trata de una segunda salida del clóset, y para muchos es más complicada que haberse asumido gay y habérselo comunicado a sus allegados. El concepto de doble salida del placard es algo que también utilizan las mujeres lesbianas por el hecho de ser mujeres. Pero creo que en el caso del VIH opera también el sentimiento de culpa, de sentir constantemente que es algo “evitable”. No es la misma clase de culpa o vergüenza, por llamarlo de alguna manera, que cuando hablamos de sexualidades distintas a lo heterosexual. Aquí hacemos referencia a una enfermedad crónica que en el 80 por ciento de los casos -dato publicado por la Fundación Huésped o por el Ministerio de Salud- se transmite por relaciones sexuales sin protección. En el caso de las identidades “disidentes”, se ha desterrado el concepto de elección, mientras que hablar sobre el VIH exige otras fortalezas, involucrarse con la situación, hacer la adherencia al tratamiento, la medicación, pero también luchar para recuperar la propia autoestima.
Pero los miedos empiezan a achicarse cuando se puede hablar de lo que a uno lo aterra, toda carga es menos pesada si se comparte lo que uno silencia. En tal sentido, otro tanto sucede en la otra orilla, del lado de los que conocen a alguien que vive con VIH… Ejemplo de ello es cuando determinadas dudas pueden ser verbalizadas: “Si nos cuidamos al momento de la penetración pero no cuando tenemos sexo oral, ¿puedo contagiarme?”, preguntaba otro expaciente seropositivo.
Para finalizar, puedo concluir que los grupos de pertenencia donde puedes hablar con otros que comparten tu situación son una herramienta interesante porque también ayudan a desdramatizar y fortalecerte para mejorar tu relación con el resto de las personas.
Sumá tu Me Gusta en la Fan Page: https://www.facebook.com/Alejandro-Viedma-Psi-197298870290333/ Muchas gracias!!

El próximo miércoles 9 de marzo a las 20 se inicia la treceava temporada del grupo de reflexión de varones gays en Puerta Abierta, en el barrio porteño de San Cristóbal. Para ingresar al grupo el lic. Viedma toma una entrevista previa, que podés concertar comunicándote al tel. 15-6165-4485 alejandroviedmapsi@hotmail.com.ar