La legitimidad y la igualdad para el matrimonio gay en la Argentina

POR ALEJANDRO VIEDMA Acerca del pasado, presente y futuro del matrimonio lésbico gay en la Argentina. Publicado en AGMagazine el 23-12-09.

El matrimonio gay lésbico produjo mucho ruido en nuestro país en este 2009. En tiempos de fiestas navideñas y recibimiento del nuevo año, deseo que las personas LGBT no se coman todas las nueces, que no se conformen con los avances obtenidos, sino que dichas nueces, dichos logros puedan verse sellados y fortalecidos en el 2010.
Entre debates, visibilidad en los medios de comunicación, posturas adversas, apoyos inesperados, oposiciones contradictorias, encuestas favorables, amparos judiciales, estrategias varias para lograr que las personas del mismo sexo se casen en Argentina, México llevó la delantera, se convirtió en vanguardia latinoamericana en este tema, en esta realidad.
Anoche me puse a pensar en cómo se llegó a todo esto, cómo estamos arribando a que se concreten estos sucesos, por lo cual busqué en mis archivos aquel hito español, cómo la madre patria conquistó este hecho tan importante, y es por ello que lo quería compartir con los lectores, para que no quede “cajoneada” una desgrabación de una actividad realizada unos tres años atrás.
Nunca dejemos que nos cajoneen nuestros proyectos, nuestros sueños, nuestros deseos…

El logro español, influyente en nuestro país
El 30 de junio de 2005, las Cortes Españolas aprobaron una nueva Ley de Matrimonio contemplando que “el matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos cuando ambos contrayentes sean del mismo o de diferente sexo” (extraído del texto completo de la Ley de Matrimonio Española).
El avance que representa esta ley en materia de Derecho para la sociedad española tuvo, tiene y tendrá una continuación “natural” en la región latinoamericana a causa de la herencia y los fuertes vínculos culturales y políticos que persisten.
Constituye una perspectiva alentadora para todos los ciudadanos defensores de la democracia, puesto que no es una ley exclusiva para un determinado grupo de personas, sino que demuestra un modelo novedoso de sociedad en el cual todos y todas nos vemos afectados/as.
Por esta razón, no se creó una ley especial para una “minoría” sexual, sino que se modificó precisamente la Ley de Matrimonio que regula la relación y convivencia de parejas que la Constitución establece como uno de los fundamentos del orden político y la paz social.
Transcribo otro extracto de la Ley de Matrimonio Española: “La convivencia como pareja entre personas del mismo sexo basada en la afectividad ha sido objeto de reconocimiento y aceptación social creciente, y ha superado arraigados prejuicios y estigmatizaciones. Se admite hoy sin dificultad que esta convivencia en pareja es un medio a través del cual se desarrolla la personalidad de un amplio número de personas, convivencia mediante la cual se prestan entre sí apoyo emocional y económico, sin más trascendencia que la que tiene lugar en una estricta relación privada, dada su, hasta ahora, falta de reconocimiento formal por el Derecho”.

Beatriz Gimeno, en discursos y hechos
Beatriz Gimeno, una de las principales activistas lesbianas españolas, especificó en una de sus pasadas visitas a la Argentina cómo se llegó a la aprobación del matrimonio para parejas gay y lésbicas en su país. A continuación citaré los pasajes más importantes de la disertación de Gimeno, en aquel momento presidenta de la FELGT (Federación Española de Lesbianas, Gays y Trans), en la charla sobre “Matrimonio entre personas del mismo sexo”, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA) el 12 de setiembre de 2006:
- “Técnicamente, legislativamente hablando, fue muy sencillo lo de la ley: se cogió el código civil en sus artículos, en tres ítems. En la Ley de Matrimonio, en vez de hombre/mujer se puso cónyuges”.
- “¿Cómo lo logramos? Tuvimos una estrategia frente a los políticos y los medios de comunicación: unir a todo el movimiento LGBT. Cualquier movimiento social consigue más unido que desunido. La unidad permitió presentar una sola interlocución políticamente consensuada entre todos. Los políticos van a arrimarse a los grupos más afines a ellos, pero si hay un solo discurso, es lo que hay, entonces tendrán que hablar con ese. Lo unificador en el discurso no quiere decir que no tengamos diferencias o que no generemos la diversidad”.
- “Lo original fue que no basamos nuestro discurso en los derechos, que son fundamentales y mejoran la calidad de vida de la gente. Decíamos: los derechos van a venir solos, nos pertenecen por ciudadanía, son nuestros. Centrábamos nuestra discusión en la legitimidad, nosotros queremos eso y la igualdad; acceso al matrimonio porque somos iguales, porque con el matrimonio el Estado legitima una relación afectivo-sexual y un determinado contrato porque es una cuestión de derechos civiles, de derechos humanos”.
- “Lo revolucionario fue cambiar la mentalidad social, ya que España no era un país avanzado para estos temas. Hace veinte años ni estábamos en el proceso de la ley, ahora el 85 % de la gente está a favor. Conseguimos llevar el debate a la calle, sorprender a la gente. Todo el mundo hablaba de eso y no de otra cosa. El debate estaba en el centro de la sociedad; no somos diferentes, como somos exactamente iguales, faltaría más no tener los mismos derechos. Insistimos en que no somos seres que venimos de otros planetas. ´Nosotros somos vosotros´: somos vuestros hijos, hermanos, la América de sus hijos, el conductor del bus, no un grupo aislado, somos lo mismo. Y ese mensaje caló. Al final todo el mundo conoce a un gay o a una lesbiana”.
- “También sirvió como bandera para un nuevo modelo de sociedad. Salió un artículo en El País: ´Gays y lesbianas son los únicos que consiguieron sentar a las dos España (la conservadora y la progresista) en la misma mesa´. Finalmente la gente entendió que no se podía ser demócrata y estar en contra de los derechos de gays y lesbianas”.
- “Nos da orgullo y nos estremece el apoyo que estamos teniendo de gente que no es gay ni lesbiana, y que nunca imaginábamos. La gente sintió como propio una España progresiva y pionera”.


Al día siguiente, Beatriz Gimeno estuvo de invitada con su esposa en el programa de tv “Mañanas Informales”, y expresó:
- “No queríamos una Ley especial de Matrimonio para nosotros, sí modificarla para meternos allí”.
- “La palabra Matrimonio nos hace iguales, ya que lo somos”.
- “Esta ley ameritó quince años de lucha en España, ley más difícil que la de Adopción, ya que ya se podía adoptar como soltero o inseminarse las lesbianas”.
- “Antes de la ley, había un 65 % de apoyo, después un 80%”.
- “¿Ahora por dónde pasa la lucha? Por la educación contra la homofobia y que podamos implicarnos, visibilizarnos por encima de todo. La lucha pasa por cambiar la sociedad y no nuestras familias, ya que tenemos los mismos derechos”.
- “Con el argumento ´no adopten chicos porque van a sufrir en el colegio´, tampoco podrían tener hijos los negros, ya que hay racismo”.

Argentina, 2010
Considero que el camino recorrido por nuestros/as compañeros/as (extranjeros/as y compatriotas) militantes hizo y hace que en la actualidad haya novedades respecto a las conquistas obtenidas y proyectos jurídicos -nacionales y mundiales- a plasmarse.
Este momento nos encuentra a los argentinos enmarcados en una inminente aprobación de la ley de matrimonio para las parejas del mismo sexo, lo que también provocará, entre muchas cosas, un reacomodamiento del orden simbólico.
Ojalá ese discurso brillante de Gimeno pueda volverse real en nuestra tierra pronto, ya que, como también dijo Michael Foucault, refiriéndose a la legislación del matrimonio entre homosexuales, en una entrevista brindada a J. O´Higgins, allá por 1982: “(…) tenemos ahí toda una serie de cuestiones que conciernen a la inserción y al reconocimiento, en el interior del marco legal y social, de cierto número de relaciones entre los individuos que deben encontrar una respuesta”.




Fotos del día 29-10-09 en el anexo del Congreso Nacional Argentino, en donde las comisiones expusieron la Ley de Matrimonio para personas del mismo sexo.

Problemáticas de Género en Congreso de Salud Mental

Con presencia LGBT se llevó a cabo el VIII Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos 2009, organizado por la Fundación Madres de Plaza de Mayo.
El pasado viernes 20 de noviembre, en el aula Mimi Langer (sede: carpas), tuvo lugar una Mesa Redonda de la Carrera Psicología Social/UPMPM que se llamó Problemáticas de Género y Trabajo Social.

Dicho título fue el puntapié inicial para que Alfredo Luciardo, moderador de la mesa, psicólogo social y docente, diera por comenzada la actividad.

Los disertantes fueron la lic. en Psicología Graciela Balestra, directora de Puerta Abierta, el lic. Alejandro Viedma, psicoanalista y coordinador de grupos, Aida, de la Asociación de mujeres argentinas por los derechos humanos (AMMAR capital) y Marlene Wayar, de Futuro Transgenérico y directora de “El Teje”, la primera revista latinoamericana de travestis y trans.

Balestra comentó, entre varios puntos, cómo nació Puerta Abierta, cuál es el objetivo de lucha y trabajo que sostiene el equipo de terapeutas que trabajan en la institución y qué problemáticas más salientes enfrenta en la actualidad.

Por su parte Viedma se explayó sobre algunos aspectos de experiencias en la diversidad que está recibiendo en los últimos años, lo escuchado repetidas veces en el consultorio –pero sin dejar de tener en cuenta el caso por caso-, y las cuestiones de género que internalizan los varones gay que asisten semanalmente a los grupos de reflexión que coordina.

Casi finalizando el encuentro, tanto ambos profesionales de la salud mental como los demás expositores de la mesa, respondieron las preguntas formuladas por una concurrida e interesada platea.





¿Cómo es tener dos mamás o dos papás?

Por Melina Arceiz, Leandro Maccarone y Victoria Franco, estudiantes de tercer año de la carrera de Periodismo en ETER. 26/10/2009

FAMILIAS DIVERSAS EN EL SIGLO XXI

Mientras se empieza a discutir si parejas del mismo sexo pueden adoptar hijos, como se aprobó recientemente en Uruguay, en la Argentina se forman cada vez más "familias homoparentales", con padres del mismo género. Nota completa en: http://www.eter.com.ar/notap50.html

Rosario, de 22 años, se enteró hace diez de que su padre Alejandro iba a separarse de su madre. Acaso lo más fuerte no era esa decisión sino el motivo que lo llevó a tomarla: estaba enamorado de Luis, con quien actualmente comparte el mismo hogar. La experiencia de Rosario seguramente no fue fácil. Pero ahora, no duda en afirmar que tener dos padres del mismo sexo le resulta "indiferente": "Todos, seamos como seamos, con nuestras diferencias, tenemos derecho a ser felices y si tener un hijo ayuda a serlo, que así sea", dice.

Claudia no tiene dos papás del mismo sexo. En su caso, comparte la crianza de su hijo Iván (12) con Fernanda, su pareja. Ella tuvo a su nene con un hombre que no reconoció la paternidad. Un hombre al que, según dice ahora, ella de algún modo "usó" para concretar el proyecto que planeaba con su pareja mujer de aquel entonces. Ese origen, cuenta Claudia, no afecta al niño: "Lo toma con naturalidad, simplemente no se cría con padres heterosexuales", explica.

Estos dos casos, junto a muchos otros, conforman un cada vez más numeroso grupo de personas que se anima a formar familias muy alejadas de la idea tipo de padre, madre e hijos. Si en los 80 la vuelta de tuerca la daban los divorciados que unían a hijos propios y ajenos bajo un mismo techo, hoy son las parejas homosexuales las que empiezan a crear grupos familiares "distintos" o novedosos. Y mientras aguardan un respaldo legal que se demora, sus hijos crecen en el seno de "familias homoparentales". Tanto que la sociedad empieza a permitirse, al menos, hacerse la pregunta: "¿Es posible que un hijo sea criado por dos varones o dos mujeres?".

Lo que a algunos horroriza, a otros empieza a resultarles viable. En Uruguay, por caso, acaban de legalizar la adopción por parte de parejas homosexuales. En la Argentina, una persona puede adoptar a un hijo en forma individual. Y en teoría no se le suele consultar sobre su identidad sexual. Pero el psicólogo Alejandro Viedma, que arma grupos de reflexión para homosexuales, advierte que "siempre aparecen muchos obstáculos ligados a la homosexualidad, sumados a jueces homofóbicos cuya ideología incide en su dictamen". Uno de los temores que suele aparecer en torno a la idea de una familia con padres del mismo sexo, es cómo afectará a los hijos crecer sin las figuras de un padre y una madre. Y si esto influirá "perniciosamente" en su sexualidad y otras elecciones futuras. Desde algunos ámbitos del psicoanálisis, tienden a descartarlo. La idea central es que más allá del sexo biológico de los que crían, los roles de madre y padre se irán diferenciando de hecho. "Las funciones se construyen, no tienen que ver con un dato biológico -afirma Viedma-. No es súper necesario que haya un padre o una madre. Y, además, todos los estudios que se han hecho muestran que no hay diferencia significativa entre hijos de padres homosexuales y heterosexuales, en cuanto a lo emocional o la inteligencia".

Rosario, que vive desde hace años en lo de su padre, puede ratificarlo desde su propia experiencia. Cuenta que en la adolescencia, a partir de la pareja homosexual de su papá, tuvo ciertas dudas sobre su propia sexualidad. "Pero enseguida tuve claro que me gustaban los chicos. No fue tan complicado", resume. Y explica ciertas diferencias en su relación con uno y otro: "Con Luis me llevo re-bien, papá dice que es mejor la relación que tengo con su pareja que con él y creo que es verdad porque hablamos de cosas que con mi viejo no. Mi papá tiende a minimizar los problemas, Luis me ofrece soluciones. Me da consejos, y me ayuda a sobrellevar cualquier conflicto", agrega la joven, que aunque mantiene contacto con su mamá, tiene con ella una "relación difícil".

Desde el otro lado, su papá recuerda cómo fue dar la noticia de su homosexualidad: "Al principio resultó bastante duro, porque yo pensé que ella estaba preparada para enterarse y no fue así. Cuando le conté, no hubo ninguna reacción visible de enojo, no lloró, no me gritó, ni me trató mal. Simplemente se fue encerrando y explotando en otras cosas tontas, que a la larga fueron produciendo un distanciamiento más espiritual que físico", cuenta.

Las amigas y el novio de Rosario tienen una relación amable con su papá y Luis. Y la gente suele aceptar la homosexualidad de su padre. Pero Rosario admite que cuando conoce a alguien, se toma un tiempo antes de contarle que vive con su padre y el novio. Y en algunos casos, nunca llega a revelarlo. El miedo al rechazo tiene mucho que ver con esa precaución. La discriminación es, en efecto, una cuestión siempre presente en torno a las familias homoparentales.

Claudia asegura que a Iván nunca lo discriminaron por tener dos mamás, sino más bien por otras cuestiones. "Iván es retraído y callado, pero muy querido por todos sus compañeros. Es incapaz de mandar al frente a algún chico", grafica emocionada. Cuenta que su pareja, Fernanda, tiene una presencia muy fuerte en el ámbito escolar, aunque allí no blanquean abiertamente que viven juntas porque, según dice, saben que en algunas escuelas "cuando los padres de los nenes se enteraron de que un compañero tenía padres homosexuales lo rechazaron y no lo invitaron más a sus casas". Iván, claro, estudia en un colegio laico, donde más allá de la situación familiar del nene, a su madre nunca le preguntaron por su condición sexual.

Para los especialistas, la discriminación a familias homoparentales, o a los homosexuales en general, no tiene mayores diferencias que las demás. Alicia Neer, integrante de Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), lo explica: "Los hijos de padres homosexuales podrían ser discriminados, es cierto. Pero la discriminación está presente en toda la sociedad. Y depende más del ámbito que de la condición de la persona. Les pasa a los negros entre los blancos, a los judíos entre cristianos y otras religiones, a los pobres en el medio de los ricos, y también a los ricos en el medio de los pobres".

Aceptados o no, estos nuevos grupos familiares empiezan a convivir con la sociedad de forma cada vez menos velada. Con el tiempo, acaso, las familias homoparentales logren lo que ya lograron las de padres separados: que a nadie se le ocurra cuestionarlas.


Comienza la inscripción a las actividades de la semana del orgullo LGBT 2009

En el marco de la semana del orgullo tendrá lugar:

“Encuentro de reflexión y debate para jóvenes gay”. Compartiremos los principales temas que convocan a varones gay de 21 a 40 años. Jueves 05 de noviembre a las 20 hs. En Puerta Abierta a la diversidad. Coordinado por Alejandro Viedma.
Para informes e inscripción previa: grupodreflexgay@yahoo.com.ar, cel. 15-6165-4485.
Cronograma completo de eventos para la semana del orgullo en: http://www.marchadelorgullo.org.ar/

Grupo de reflexión para varones gay

A continuación, una carta redactada por un integrante del grupo de reflexión para varones gay de los jueves, dirigida a sus compañeros y al coordinador:

ANDAMIAJE DEL AMOR
Hola mi gente bella: solo los veo dos horas por semana, quizás poco tiempo para todas las horas que una semana tiene, pero parece el tiempo suficiente como para sentir afecto por ustedes, lo suficiente como para que se haya podido armar algo del orden del amor, la posibilidad de abrir mi pecho y dejar salir mi ser, el ángel y el demonio, la cantidad como para poder sentir, sentir la libertad de ser, poder sentir cariño, ternura, dolor, empatía y también bronca, enojo; para mi esto es posible cuando hay una plataforma de amor, de libertad que soporta la relación grupal, una estructura amorosa que ingerimos en el te del termo verde, los alfajores "fallados" pero riquísimos de Fran, la cocina dulce de Gus o alguna que otra delicia sorpresa, la estufa de invierno y el turbo de verano (ni hablar del nuevo espacio top que nos alberga desde el mes pasado, qué lindo regalo). Escribo esto porque me di cuenta que si no expreso este afecto, ustedes no sabrán lo que me generan en las reuniones, porque me interesa seguir sembrando en este camino, porque "la realidad es una construcción social", es decir, que lo que es, está sustentado por nosotros, por lo que hacemos cada semana, porque deseo que esta realidad siga existiendo, porque quiero que la pelota siga girando, porque les agradezco que existan, que sean como son, que vengan cada jueves, que hablen, que nos compartan su ser. Porque en última instancia le agradezco a andá saber quién o qué haber sentido, haber aprendido, haber sumado lo que sumé junto a ustedes, los que están y los que están en nuestros recuerdos; porque muchos jueves me he ido alegre, triste, angustiado, sorprendido, rumeando como loco malo; porque gracias a este grupo que muchas veces me dijo "reaccioná, estás vivo, no dejes pasar tu vida, ¿qué querés hacer?", estoy armándole un video de fotos (de su hijo) a un amigo con la intención de demostrarle cuánto lo quiero, y porque el otro día le pude decir a mi vieja gracias por ser y haber sido la que fue y haber hecho todo lo que hizo para criarnos, y porque tengo ganas de escribirles todo esto. También quizás porque hace poco ví una peli que me recordó al grupo, “Bondad Humana”, de Kurosawa, al igual que cuando revivo algunas frases del Monólogo de Agrado, de "Todo sobre mi madre", el film de Almodóvar: “me llaman la Agrado, porque toda mi vida sólo he pretendido hacerle la vida agradable a los demás. Además de agradable, soy muy auténtica... Y en estas cosas no hay que ser rácana, porque una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma". Ahora, algo dirigido directamente al coordinador, la cabeza de nuestro grupo: hay gente que te deja una marca que la llevas con orgullo en medio de la frente, esa cosa inexplicable en donde uno se ve diciendo tal palabra, haciendo tal gesto, sonriendo de tal manera, respondiendo tal palabra, moviendo la mano de determinada manera, y el corazón se alegra, se enciende como el pecho de E.T. cuando se acerca su nave extraterrestre, uno se enorgullece de haber incorporado eso, se le alegra la cara, se le hace un nudito en la garganta que obliga a tragar para aflojar. En esos momentos uno quiere agradecer, y no sabe a quien: a Alejandro Viedma por ser lo que es, por trabajar día a día, a sus padres por haberlo criado, al aire por permitirle respirar, a la pacha mama, al destino por habernos encontrado, a uno mismo por haberse animado... No se, lo que sí se es que uno quiere agradecer eso, agradecer a ese profesional que vive con placer y pasión ese espacio, que cree en ello y se juega. Uno grita ¡BELLEZA GRIEGA, DESEO QUE VIVAS POR SIEMPRE! y por ello, Ale, me sumo a sumar a tu propuesta, traigo leña para mantener el calor de este lugar. Gracias porque me enseñaste a creer y sentir que un hombre puede amarme, porque en este lugar también institucional se respira amor, porque tu amor tiene tanta fuerza que pudo quebrar una historia de descalificación. Gracias. Abrazos muchos.
MAXI.

*El grupo de reflexión para varones gay funciona los jueves a las 20 hs en el barrio de Almagro y está coordinado por el lic Alejandro Viedma. Para informes e inscripción: grupodreflexgay@yahoo.com.ar, cel. 15-6165-4485.

Familias homoparentales, familias diversas

Por ALEJANDRO VIEDMA, publicado por Periódico Queer, octubre de 2009.

En los primeros años de vida de una persona es imprescindible: la salud, la educación, el aseo, la vivienda, la alimentación y un adulto responsable, es decir, que responda a sus obligaciones asumidas, acompañando a la construcción de la personalidad y la subjetividad de ese/a niño/a, ya que la indefensión humana existirá hasta que haya un Otro que venga a su encuentro, un Otro comprometido e implicado en su función de sostén.

Más allá de la orientación sexual o identidad de género de los padres, en el plano parental siempre se deberá apuntar a la protección del niño/a, a la contención que se le brinde, respetando la asimetría respecto a la edad de ese/a niño/a y de los adultos.

La función de sostén se irá construyendo, no está desde el principio. Las funciones materna y paterna se edifican más allá del sustrato biológico. El deseo de hacerse cargo de un/a niño/a surgirá mientras el adulto ofrezca parte de su narcisismo en pos de un otro, ponga montos de su libido en otro lugar, condición excluyente para poder formar parte de o fundar cualquier grupo humano, como una familia. Sólo de tal manera esos padres triunfarán, saldrán adelante aún con los obstáculos que se les presenten en lo cotidiano, desde el amor, condimento curativo, de salvataje, elemento fundamental que debe emerger e intercambiarse en una familia.

La familia no es un hecho prefijado, sino que está rearmándose constantemente en movimientos de encuentros, desencuentros e intercambios (de afectos, sexo, cuidados y otros elementos que hacen a su unión), intercambios y movimientos posibilitados por una base de estabilidad, como la instauración de la prohibición del incesto, o de mensajes que marquen ley, orden, límites, y en su interior se establecen distintos roles, posiciones, funciones que no poseen carácter de fijeza.

Modificando lo discursivo
El debate acerca de las familias no tradicionales merece tener lugar porque es abarcador de muchísimas cuestiones que atraviesan este campo. Para ello es fundamental que volvamos a apuntar a la noción de diversidad en general y en particular remarcar la diversidad en las subjetividades, en las sexualidades, en las familias, hasta en lo homoparental. Creo que es importante referirse a las "familias diversas", o a “la familia” a secas, y dejar de nominarlas desde la etiqueta de homoparentales, "nuevas", etc. (aunque al principio dichas nominaciones sirvieron y todavía están provocando la visibilidad de estos grupos), ya que si hablamos de diversidad, no precisamos rotular.

Ya es tiempo de dejar de considerar a estas familias como "diferentes", pues si entran en el universo de la diversidad, ¿diferente a qué? ¿A quién/quiénes? Además, si estamos atravesando la época de la caída de los modelos, no debiéramos proponer una situación, sujeto o grupo diferente a algo como ideal, jerarquizado. De lo contrario se seguirá pensando en torno a un modelo a reproducir y lo que se aparte de éste será algo descarrilado, adverso, diferente a ese modelo y no se tendrá en cuenta que somos diferentes pero entre sí, entre todos y todas nosotros, los seres humanos.

Marco legal y sociocultural
Lo distintivo para estas familias argentinas es la falta de un marco legal, lo cual las sitúa como ciudadanos de segunda, sello externo, y no algo intrínseco per se a dichas familias. No es algo inocente por parte de la sociedad que se las rotule de esa forma, una cosa es que se las tilde de diferentes y por eso se las des-enmarque legalmente, sólo visibilizando a estas “otras” familias para apartarlas, como la contra cara de la “normalidad”, y otra sería tomarlas como una entidad más en un grupo amplio, lo que equivaldría a no discriminarlas, a ampliar estos microcosmos para que socio/legal/culturalmente se fundan en el cosmos de la totalidad de las incontables familias.

En el 2009 en la Argentina el matrimonio entre personas del mismo sexo aún no está legalizado, lo cual implica que una pareja de lesbianas o de gays no pueda adoptar, y con este panorama no se tiene en cuenta que desde el campo jurídico se debe tutelar a las personas, sobre todo a los menores.

Las organizaciones familiares emergentes desafían, al visibilizarse y luchar por los mismos derechos para todas y todos, a la heteronormatividad ordenadora e impuesta, con vínculos endogámicos. Al haber una falta de ajuste con las realidades del presente, se brega por la deconstrucción de un modelo familiar único y obligatorio.

Un párrafo aparte merece la noticia que recibimos el mes pasado de nuestros vecinos uruguayos: el Senado aprobó la ley de adopciones que contempla que las parejas homosexuales unidas civilmente puedan adoptar, así Uruguay se convirtió en el primer país latinoamericano en aprobar una ley que iguala las condiciones para la adopción.

El terapeuta ante estas demandas diversas
Las configuraciones familiares diversas, estos lazos que se construyen en grupos conformados por dos mamás, dos papás, madres transgénero, madre o padre soltera/o lesbiana o gay, etc., nos hacen a los analistas reformular ciertas teorías y conceptos provenientes del psicoanálisis.

Lo principal para que un niño se desarrolle de manera sana es que reciba amor y estabilidad; ser madre o padre implica tener la capacidad de brindar afecto y educación. Por otro lado, tener una orientación sexual hetero no es una condición sine qua non para ser una buena madre o un buen padre, puesto que el funcionamiento saludable de las familias dependerá de las dinámicas que se establezcan en sus interiores y no de las estructuras de las mismas.

Lo que el terapeuta debería interrogar es qué lleva a cada sujeto –padre o futuro padre- al deseo de un hijo y cómo será alojado este último. El sexo biológico y la directa asociación a ciertas conductas de género no tendrían que ser parámetros para mensurar cuán buena es una persona como madre o padre, y sí su idoneidad por ejemplo para la adopción, lo cual conlleva capacidades y estilos adecuados, como la comunicación y las normas.

Siguiendo los lineamientos de Freud y Lacan, considero que los analistas no debemos retroceder ante la subjetividad de nuestra época y quien no trate de entenderla tendría que pensar en dedicarse a otra cosa, debería renunciar a atender a estas demandas si su rigidez está signada por un ideal de familia a alcanzar. Las familias diversas nos brindan a los profesionales de la salud mental mucho material, nos presentan desafíos. Lo contrario a abandonar antes de empezar es trabajar como lo hacemos en Puerta Abierta a la diversidad: posicionándonos como analistas del caso por caso, trabajando primeramente nuestros propios prejuicios, combatiendo miedos, mitos, (in) formándonos constantemente, leyendo estudios y casos, interactuando con otros profesionales (abogados, docentes, etc.) de distintas disciplinas involucradas, para poder alojar correctamente a esos discursos, a esas historias.

Para concluir, tomo el hacerse cargo amorosamente de un otro como un acto ético, un acto de amor, porque amar es responder sin salirse de uno, sin desdibujarse, pero priorizando al otro. Esto implica una buena función de sostén y de paternidad: al niño/a se lo/a debe respetar en sus elecciones y tiempos, acompañarlo/a, escucharlo/a y contestarle lo que pregunta, responderle algo, que no es lo mismo que cualquier cosa, responder, en fin, con mucho más que palabras.

¿Dónde están las familias homoparentales argentinas?

por ALEJANDRO VIEDMA Preguntas y consideraciones alrededor de las no imágenes de las familias homoparentales argentinas en los medios de comunicación locales.
Publicado por AGMagazine el 21-09-2009

Una gran noticia hemos recibido el pasado 9 de setiembre de nuestros hermanos uruguayos: el Senado del país vecino sancionó la ley que autoriza a las parejas -cualquiera sea el género de las personas que la conforman- bajo “unión concubinaria” a solicitar la adopción de una niña o un niño.

He leído y visto un resumen positivo en los medios de comunicación argentinos, si bien con diferencias en cómo tratan el suceso vanguardista para Latinoamérica, y casualmente la noche anterior a enterarme de aquella noticia había empezado a escribir estas líneas sobre la invisibilización en los medios de comunicación nacionales de las familias homoparentales autóctonas.

¿Hay acaso caras visibles de parejas de mujeres u hombres con su(s) hijo(s) en nuestros canales de televisión? ¿Se editan en los diarios y en las revistas fotografías sin cuidar el anonimato de los involucrados de estas familias? De hecho, las pocas que se conocen en la gráfica, son fotos importadas. Sólo a modo de excepción vemos una imagen de madres lesbianas compatriotas con su niño/a. ¿Será justamente para proteger a los miembros de esa familia? ¿Será peligroso mostrarlos? ¿Para quién(es)? He aquí mis primeros interrogantes en construcción...

Por otra parte, en el caso de que en la Argentina se apruebe la ley de adopción para parejas homosexuales, ¿qué dirá la familia típica argenta mirando la tv? O sea, cuando el público general mira en los noticieros por ejemplo los informes que retratan un hecho de adopción por parte de un matrimonio heterosexual o de una persona soltera, se refieren a "los hijos del corazón"=hecho amoroso=acto de amor=emoción en los televidentes. Pero cuando esto sea una realidad legalizada para las lesbianas y los gays argentinos, ¿se hablará también de "hijos del corazón" o de “pobres pibes”?, y ¿se seguirá usando el término "degenerados" para referirse a esos padres o se los considerará seres responsables como tantos otros adoptantes?

Además, ¿qué diferencias surgirán frente a las imágenes de dos madres o de dos padres?; porque creo que inquieta mucho más el caso de una pareja conformada por dos varones, pues aún continúa el prejuicio, entre otras ideas erróneas que circulan, de abusos que podrían cometer los gays adultos hacia los niños.

En el imaginario social las mujeres son las personas a las que se les adjudica un instinto maternal natural, por lo cual me parece que es más aceptable la imagen de una pareja lésbica con niños, incluso pareciera que una persona que no haya nacido biológicamente mujer pero tenga una identidad de género femenina, sería mejor recibida por la sociedad en su rol de madre.

Como escribió Eva Giberti, refiriéndose a la transexual Mariela Muñoz, en un número especial de setiembre de 1993 de la revista Actualidad Psicológica:

“… lo que resulta explícito es la intervención quirúrgica que remite a una ablación de sus genitales masculinos. ¿Qué podría sentir y pensar la comunidad frente a quien decide desprenderse de algo tan valorizado, idealizado, sacralizado por una cultura patriarcal? (…) Difícilmente contaría con la simpatía hacia quien elige no-tener, desprenderse de algo que se supone sistemáticamente envidiado, tanto en lo anatómico cuanto en las simbólicas que puedan acompañarlo, instituirlo, definirlo, sostenerlo…”. Continúa: “… Quizás los mitos e idealizaciones respecto de lo materno –también paradigmáticos de las sociedades patriarcales- hayan logrado mayor vigencia que el espanto que la castración produce. O sea, que mitos e idealizaciones acerca de la maternidad hayan resultado más relevantes para la comunidad encuestada que el desprendimiento voluntario de los genitales que identificaban como sujeto masculino a Mariela Muñoz. Como si fuera posible olvidarse, perdonarle, omitir su locura aberrante e incomprensible (así caracterizada por quienes no lograban imaginar la posibilidad de una amputación de esa índole) en aras de una maternidad espectacularmente mostrada y defendida por su protagonista. Es decir, la maternidad (amor a los hijos), todo lo explica, todo lo justifica; aunque provenga de un varón…”.

Entonces, siempre correremos el riesgo de biologizar la cuestión, riesgo en el que caeremos si no consideramos que el género y las funciones de maternidad y paternidad se construyen más allá del sustrato biológico.

Pensaba en estas cuestiones de la prensa porque estamos cansados de leer, escuchar y repetir que estas familias son una realidad, que no son nuevas, pero en nuestro país no se las difunde. La frase "lo que no se nombra no existe" bien podría homologarse a "lo que no se muestra no existe", por lo menos para la masividad, y por algo no se visibiliza a estas familias, no se trata de un hecho inocente mantenerlas en el anonimato.

¿Qué hay que esconder? ¿Cuál y para quién(es) es el riesgo de difundir imágenes, fotos, videos, palabras, testimonios de estos grupos familiares que se fundirían en la aclamada –pero muchas veces no aceptada- diversidad?

Que parejas lésbicas o gays puedan criar a sus hijos no es tomado como un hecho positivo en el imaginario de la gente, pese a los titulares y encuestas a favor que aparecen en los diarios y portales online. También tendrá que ver con las subjetividades de los periodistas, editores y difusores de información, sujetos que no dejan de ser catalizadores de las representaciones sociales de la homoparentalidad y, sobre todo, de las leyes a dictarse que puedan proteger a todos los integrantes de estas familias.

En el mejor de los casos, he escuchado la frase “que dos varones o dos mujeres tengan hijos es preferible a que estos niños estén en la calle o en orfanatos”, tal vez ¿consideraciones que apuntan a evitar un mal mayor?

Si nadie nace sabiendo ser padre, menos aún esto sucede con las familias homoparentales, que no tienen espejos de pares, de modelos positivos para aprender en el recorrido de la crianza de sus hijos/as. La ausencia de modelos distintos a la familia tradicional podría actuar como barrera para los sujetos gays y lesbianas que tienen el proyecto de ser padres/madres.

Leo Bersani en ¿El recto es una tumba?, editado por Edelp en 1999 en Córdoba, dice: “…como Stuart Hall sostiene, una representación es algo distinto de un mero reflejo: “Esto implica el trabajo activo de selección y presentación, de estructuración y configuración: no simplemente la transmisión de un sentido ya existente, sino la labor más activa de hacer que las cosas signifiquen”. La televisión no hace la familia, pero le da cierto sentido a la familia. O sea, ella hace una fuerte distinción entre la familia como unidad biológica y la familia como entidad cultural, y lo hace al enseñarnos los atributos y las actitudes a través de los cuales las personas que pensaban estar ya en el interior de una verdadera familia recién comienzan a sentirse como miembros de una. El gran poder de los medios, y especialmente de la televisión, es, como Watney escribe, “su capacidad de manufacturar la subjetividad misma” e imponer así una forma a la identidad. El “gran público” es a la vez una construcción ideológica y una prescripción moral. Además, la definición de la familia como identidad es, esencialmente, un proceso de exclusión, y el producto cultural no tiene ninguna obligación de coincidir exactamente con su referente natural”.

De tal manera, observar y oír en televisión a autóctonas familias homoparentales posibilitará a los televidentes considerar tangible a ese lazo afectivo, saber que hay una posibilidad real de paternidad por ejemplo para dos varones. También puede encender el deseo de lesbianas y gays de ser padres, darse cuenta que su sueño puede realizarse y a partir de allí decidirse a llevarlo adelante, acto obstaculizado si no se emiten imágenes de una pareja homosexual constituida y duradera en el tiempo con sus hijos.

Si bien sabemos que la diversidad adquirirá su verdadero significado mientras se acepte la diversidad del otro, a dicha diversidad debe conocérsela, vérsela, escuchársela y no obturarla o esconderla.

Para finalizar, creo que no obstante no se refleja en los medios argentinos a compatriotas lesbianas o gays madres o padres, se están llevando a cabo acciones concretas de parte de militantes y algunos políticos que buscan que el hecho vanguardista ocurrido en Uruguay tenga un efecto dominó en nuestra nación y en los demás países latinoamericanos, sobre todo en pos de los derechos del niño a tener una familia y los de los padres a afianzar su deseo de felicidad realizado, cuestiones que se plasmarán en la calidad de vida, en la salud de todos los integrantes de estas familias.

Interrogantes, fantasías, mitos, miedos y deseos de gays por ponerse en pareja.


Por ALEJANDRO VIEDMA. Te presento a mi marido… ¿Qué hay detrás de la carrera por estar en pareja? ¡Y mostrarlo!
Más de una vez hemos oído a algún gay decir “él es mi marido” cuando nos estaba presentando a la persona que había conocido tres días antes. Nominar a ese partenaire de tal manera, ¿es acaso un intento de certificar un vínculo fuerte para los demás? ¿Será una fantasía de revancha ante los “sexos express” vividos previamente? ¿Actúa como necesidad imperiosa de pegarse a otro? ¿Es un modo de retener al otro porque con anterioridad se vivenció no ser aceptado, haber sido dejado, echado? ¿Significa quizá un modo de copiar el modelo hetero tradicional? ¿Operará como mecanismo defensivo contra la soledad? Como siempre digo, cada caso es singular y detrás de cada persona puede existir una, ninguna o varias respuestas afirmativas –o negativas- a estas preguntas.
Considero que los medios de comunicación instalan imágenes y nomenclaturas discursivas que son mejor recibidas por la sociedad en general, ejemplo de ello resultaron las transmisiones que tomaron el festejo de la unión civil de Piazza y su pareja y la celebración de Flor de la V con su compañero Pablo, donde dichos eventos formaron parte de “las bodas de 2008”. Todavía siguen repercutiendo, sobre todo en la tv, tales sucesos que son mencionados como casamientos y se nombra a Pablo y a Walter como maridos de Florencia y de Roberto, respectivamente.
En los grupos de reflexión para varones gay que coordino hemos tocado este tema y las opiniones, por suerte, fueron diversas. Algunos estiman que estos hechos mediáticos son como circos que no sirven para nada, otros, que visibilizan otros vínculos existentes.
Además, desde mi experiencia en la clínica psicoanalítica he escuchado que gracias a la repercusión que estos festejos tuvieron, algunos pacientes gay y lesbianas por lo menos habían podido empezar a hablar del tema con sus familias. Es decir, las personas que conviven con estos/estas analizantes –padres, hermanos, etc.- comenzaron a expresarse y los sujetos con una orientación homosexual supieron explícitamente lo que pensaba su gente cercana, pudiendo así tener la posibilidad de replicar o apoyar aquellas palabras en sus casas.
Tomando a la persona gay no expuesta públicamente, tal vez su necesidad de estar en pareja tenga que ver con que ese vínculo formalizado es socialmente más aceptado que estando solo o “picoteando” de aquí para allá, lo cual es tildado como promiscuidad. En el imaginario colectivo el varón gay “soltero” es sinónimo de fiesta, de reviente sexual, de irresponsabilidad.
También se puede reflexionar acerca de lo opuesto: que la existencia de ese estereotipo del gay –el que no tiene compromiso- provoca que no se desestabilice, que no se ponga en jaque la institución matrimonial.
Aunque el amor sea universal, hay distintos tipos de relaciones y formas de armar vínculos, como el de dos personas del mismo sexo, una categoría de pareja diferente (por ende criticada y boicoteada) a la heterosexual y por tal motivo muchas veces a dicha unión sólo se la vive privadamente, lo que contradiría a la frase de Benedetti “y en la calle codo a codo somos mucho más que dos”.
Aquí entran los mandatos sociales y los temores ajenos y propios en juego: “si sos gay terminarás solo” no deja de resonar constantemente en alguien que quiere desafiar al maleficio y apostar a construir algo de a dos, a veces sin conocerse/lo suficientemente, o a cualquier precio.
Si es que se encuentra a tal compañero a veces se sigue el otro mandato: no mostrarlo, que se permita la pareja, pero sólo en la intimidad, lo cual dificulta luego que se luche por los mismos derechos, por ejemplo en el área laboral.
Tanto se pone en la búsqueda de la pareja que una ruptura puede ser sentida como un total fracaso, sin tener en cuenta que fue una experiencia más.
Y retorna el sentimiento de soledad, o el horror frente a su próxima llegada, y para evitarla uno mismo, casi sin pausa o sin elaborar el duelo, se pone el imperativo de estar nuevamente con alguien, aunque sea un ratito, o con varios, como si en el hecho de rodearse de muchos se hallaría la certeza de no sentirse más solo. La soledad es estructuralmente humana, y generalmente una persona va detrás de un ideal y se empeña en tener una pareja rápidamente siguiendo un mandato sociocultural, no obstante la pareja no cura todos los males, sí en muchos casos alivia, ayuda, pero no lo es todo. Primero se tiene que estar bien con uno mismo, sentirse preparado, valorado uno para proyectar algo de a dos (o más).
Si hay tantas historias de vida como individuos, también hay tantas significaciones inconscientes y conscientes subjetivas y singulares como para armar lazo con el otro. Tal vez el mito de la felicidad alcanzada sólo estando en pareja sostenga que no exclusivamente lesbianas y gays la busquen, sino que cualquier ser humano la desee. O desee simplemente que el otro lo vea a uno acompañado…

Cachorro en familias diversas

Por ALEJANDRO VIEDMA Sobre otro posible modo –y no modelo- de formar una familia, presentada en el film español Cachorro.

Sinopsis de la película(fuente: http://www.adictosalcine.com/ver_pelicula.phtml?cod=760)

Pedro, un atractivo dentista homosexual, desinhibido en sus relaciones y sin más responsabilidades que para con él mismo, se compromete a cuidar durante quince días a su sobrino Bernardo, un niño de 9 años con el que hasta ese momento no ha tenido mucha relación. El niño es hijo de Violeta, la hermana de Pedro, una hippie trasnochada que ha decidido hacer un viaje por la India con su nuevo novio. Pedro cambia su comportamiento temporalmente para que su sobrino no perciba su carácter y ritmo de vida, de la misma manera el niño tiene una actitud de lo más natural, como si estuviera en su propia casa, sin incordiar ni entrometerse en nada. Ahora Pedro tendrá que enfrentarse a un montón de cosas inesperadas para él (colegio, educación, etc.). Poco a poco la relación se hará más estrecha, a base de cariño, afecto y amistad, algo que Pedro nunca había tenido con nadie que no fuera con él mismo. Todo es perfecto hasta que Dª Teresa, la abuela paterna de Bernardo, aprovecha la ausencia de Violeta para ver al crío y hacerle algunos chantajes sentimentales. La educación de un crío a su parecer no puede estar en manos de un homosexual.

Personajes, escenas y cuestiones a destacar del film
En principio, los recortes que vienen a continuación me hacen, como psicoanalista, empezar a formar parte de algo más novedoso, más interactivo, una forma de diálogo entre la clínica (con estas temáticas complejas respecto a la diversidad sexual) y el cine.

En “Cachorro” (España, 2004), del director Miguel Abaladejo, nos encontramos con una madre que no apunta a los cuidados, se mete en situaciones sin su previo análisis, sólo guiadas por la compulsión, la repetición, la impulsividad, sin evaluar costos, donde podríamos pensar en una no operación de la represión, con límites inexistentes y viuda, al menos se menciona a un hombre ya fallecido (¿además padre ausente?, lo cual no es lo mismo), es decir, se muestra una desprotección del menor en el plano parental. En primera instancia, parecería que no hubo ley en esa familia, circulan personas con sus cualidades y fallas, estas últimas resaltadas porque la falta es ofrecida de manera muy directa, “a cielo abierto”. Se hablaba y hacía todo –con una modalidad de puros actings- delante del niño. Lo significativo es que esa madre deja a su hijo a cargo de su hermano y no de cualquier persona, tal vez inconscientemente eligió al que mejor podía cuidar a su hijo en unas vacaciones más largas de lo previsto, o sea, entre tantos descuidos, le dio lugar a ese tío.

Más adelante aparece la abuela paterna (encarnando la tradición, la ley) que viene a “salvar” al nene, intentando forjar como podía lo que ella consideraba saludable para el porvenir de su nieto. Esta mujer siempre estuvo al tanto de Bernardo, sobre todo de cómo le iba en la escuela, por intermedio de la maestra del niño.

El tío materno, en el momento del encuentro con ese niño indefenso –tiempo posterior a que este último se quedara sin su madre-, va a su rescate. Son muy claros los límites que pone ese tío (“este libro no es para ti”) y la contención que le brinda a su “único sobrino legal” (por ejemplo, al verlo mal, triste, le permite dormir con él una noche). Hay un esfuerzo en el primero para brindarle al sobrino un mundo lo más acorde a él, lo cuida y lo deja en compañía de alguien -“la canguro”- para que, por ejemplo, lo saque a pasear. Tío que intenta poner lo mejor, y hasta lo que desconocía, que tiene en esa ardua tarea de criar a alguien, ser uno de los principales referentes para la vida de esa personita, siendo justamente un anti-modelo, amoldándose a la edad del niño (nueve años). La paradoja es que el señor, aún “livin´ la vida loca”, se pregunta –interrogante dirigido a su amigo- por su rol en función al otro: “¿seré bueno para él?”, y ejerce de padre sustituto; el adulto llega a marcarle límites a su amigo: que no fume marihuana delante del menor. Luego de que este tío fuera internado por un deterioro en su salud, lo que lo hace mejorar es la ilusión de volver a convivir con su sobrino, de liberarlo del encierro, y a este último la misma ilusión de convivir con su tío lo hace transcurrir un pupilaje, un colegio interno gris. En una escena el niño le dice: "te quiero mucho, igual que los otros niños a sus padres". El nene se identifica al rasgo masculino de su tío (el adulto le dice “no llores, tenemos que ser fuertes”, cuando su hermana es detenida y el chico le pide a su tío que le haga un corte de pelo “como lo tienes tú”), el niño toma ese rasgo, esto contradiría el prejuicio sociocultural, porque a pesar de ser gay, es un varón no afeminado, tal vez porque el director de la película quiso mostrar otro arquetipo del gay distinto al de la “loca fashion”, el gordito, robusto, velludo, varonil, con pelo corto, sexualmente activo, que es el “oso”. La escena del corte de cabello, ¿es acaso una metáfora de escisión del pasado y una apuesta a un futuro mejor con ese tío? La función de sostén que fue cumpliendo ese tío se fue construyendo, no estuvo desde el principio, porque al comienzo tuvo que lidiar con problemas graves, y donde expresaba “no me acostumbro a relacionarme con niños”, función de padre sustituto que se construye más allá de lo biológico. Para ilustrar la función de sostén, me pareció muy clara la escena donde el tío le enseña a cepillarse correctamente los dientes al nene, justamente estando a su lado en el baño y mostrándole él mismo cómo debía hacerlo erguido frente al espejo. El deseo de hacerse cargo del menor surge a posteriori, pero rápidamente porque enseguida se implica, se moviliza, y si tiene que hacer un trámite lo deja en la casa de la madre de la canguro; le acondiciona una habitación especial al pibe, pidiéndole a este último que elija el color de las paredes, preguntándole y no decidiendo desde la heteronormatividad, que sólo permitiría que sea el celeste. También este tío se pone en marcha para averiguar el colegio donde asistirá su sobrino. Hasta sus amigos llegan a decirle: “esta noche sal a divertirte, relájate”. Ese tío ofrece parte de su narcisismo (de hecho ya ni puede tener relaciones sexuales sabiendo que su sobrino está durmiendo cerca de su habitación) en pos de un otro, condición excluyente para poder formar parte de o fundar cualquier grupo humano, como una familia. Pone gran parte de su libido en un lugar donde antes no existía. Pedro es un anti héroe que al final triunfa, es decir, sale adelante aún con sus miserias y los obstáculos que se le presentan, desde el amor, condimento curativo, de salvataje, elemento fundamental que debe emerger e intercambiarse en una familia.

El nene es retratado lindo y bueno por demás ¿Quién no quisiera adoptarlo? Finalmente es el héroe de la película. Sabe todo el tiempo cuando le ocultan (sobre todo su abuela) las cosas (verbaliza: “¿por qué no me han dicho la verdad? ¡Siempre están todos engañándome!”), y hasta tiene procesado el tema de las drogas (incluso con su corta edad sabe armar porros), el VIH, la diversidad sexual, por ejemplo, le pregunta a su compañerito si es homosexual o a su “tiíto” por su ex pareja o por su actual amante francés (“¿ese hombre que va a venir es tu novio?”) o “¿cómo te diste cuenta que eres homosexual?”; les retruca a todos, es mucho menos prejuicioso (o no tiene prejuicios) que los adultos, cocina, limpia, está sobreadaptado. Tal vez el lado positivo de tanta libertad ejercida y transmitida por su madre (y tener un tío gay fuera del clóset) haya tenido como efecto que ese “mocoso” no “mamase” la cara más prejuiciosa, tuviera mayor flexibilidad para todo lo que lo circunda y fuese más proclive a la aceptación de la diversidad en general, además, Violeta le pasó la posta de un mandato interesante: “tienes que pensar en positivo”. Es, en definitiva, un chico “puro amor”, sin trastornos notorios. En el colegio pupilo construye dos amistades muy estrechas, tal vez esos chicos tomaron el rol de hermanos. Este niño, principalmente, viene a acotar ese goce pulsional del tío y elige a este último como su cuidador, dejando afuera a su abuela paterna.

“cachorro” en Google
En tiempos de googlear, me dispuse para copiar y pegar lo primero que surgía de la búsqueda del término cachorro. He aquí los principales significados y datos hallados:

-¿Cómo adiestrar a tu cachorro? Consejos para una buena salud de tu cachorro. Cómo alimentarlo.

-¿Por qué comprar un cachorro a un criador responsable?

-Muchas veces se nos presenta la ocasión en la que tenemos que hacernos cargo de la alimentación de un cachorro, porque la madre no puede alimentarlo por diferentes motivos (fallecimiento, mal comportamiento materno, o por abandono).

-No se trata sólo de alimentación, higiene y un lugar para dormir, estamos hablando de educación, un cachorro necesita forjar su temperamento.

-Qué tener en cuenta antes de elegir un cachorro. La decisión de adoptar un cachorro surge muchas veces de un deseo poco analizado.

Tanto las características resaltadas de una cría como las de su posible cuidador son las descritas en la película Cachorro, características complejizadas en los personajes del niño y su tío. Dichos rasgos hacen al vínculo mismo, rasgos y acciones que viajan a modo de feedback, de constante retroalimentación entre el menor y su cuidador “momentáneo”. Aspectos que no son otra cosa que necesidades básicas estructuralmente humanas.

Entonces, en los primeros años de la vida de cualquier persona es imprescindible: la educación, la salud, el aseo, la vivienda, la alimentación y un adulto responsable, es decir, que responda a sus obligaciones asumidas, acompañando al armado de la personalidad y la subjetividad de ese menor, ya que la indefensión en lo humano existe en tanto y en cuanto hay un otro que viene a su encuentro, un otro comprometido e implicado en esa función de sostén.

Marco sociocultural y resignificación en el diccionario
El debate acerca de las familias no tradicionales merece tener lugar porque no cierra, no se trata de algo binomial o dicotómico, sino que es abarcador de muchísimas cuestiones que atraviesan este campo.

Para ello es fundamental que volvamos a apuntar a la noción de diversidad en general y en particular remarcar la diversidad en las subjetividades, en las sexualidades, en las familias, hasta en lo homoparental. Creo que es importante referirse a las "familias diversas", o a “la familia” así, a secas, y dejar de nominarlas desde la etiqueta de homoparentales, "nuevas", etc. (aunque creo que al principio dichas nominaciones sirvieron y todavía están provocando la visibilidad de estos grupos, motivo por el cual volveré a utilizar los adjetivos mencionados, pero entre comillas), ya que si hablamos de diversidad no precisamos rotular. Ya es tiempo de dejar de considerarlas como "diferentes", pues si entran en el universo de la diversidad... ¿Diferentes a qué? ¿A quién/quiénes? Además, si estamos atravesando la época de la caída de los modelos, no debiéramos proponer una situación, sujeto o grupo diferente a algo como ideal, jerarquizado. De lo contrario se seguirá pensando en torno a un modelo a seguir y lo que se aparte de él será algo descarrilado, adverso, diferente a ese modelo y no se tendrá en cuenta que somos todos diferentes pero entre sí, entre todos y todas nosotros y nosotras, los seres humanos.

Lo distintivo para estas familias es la falta de un marco legal, lo cual las sitúa como ciudadanos de segunda, pero eso es algo externo, no intrínseco a dichas familias. No es algo inocente del lado de la sociedad, una cosa es que se las tilde de diferentes y por eso se las des-enmarque legalmente, se visibilizan sólo las “otras” familias para apartarlas, como la contra cara de la “normalidad”, y otra tomarlas como algo más en un grupo amplio, lo que equivaldría a no discriminarlas, a ampliar estos microcosmos para que socio/legal/culturalmente se fundan en el cosmos de la totalidad de las infinitas familias.

Justamente en la página 196 de “La familia en desorden” (2003, Fondo de Cultura Económica de Argentina S. A.) hallamos en la nota 2 la siguiente aclaración: El término “homoparentalidad” fue acuñado en Francia en 1996 por la Asociación de Padres y Futuros Padres Gays y Lesbianas (APGL). Nunca se utilizó en el mundo angloparlante –en especial en Estados Unidos-, donde se prefiere hablar de lesbian and gay families o lesbian and gay parenthood. Actitud debida a que los homosexuales norteamericanos recusan toda denominación de origen psiquiátrico y prefieren un vocabulario más gozoso, centrado en el género. De allí la invención del término gay (para los hombres) y la recuperación de la palabra lesbiana (para las mujeres), con referencia a Safo, la poetisa griega de la isla de Lesbos. Iréne Théry criticó con justa razón el término “homoparentalidad”, por poner en primer plano la sexualidad del padre que, en principio, no debe tomarse en cuenta en la filiación.
La familia no es un hecho prefijado, sino que está rearmándose constantemente en movimientos permanentes de encuentros, desencuentros e intercambios (de afectos, sexo, cuidados y otros elementos que hacen a su unión), intercambios y movimientos posibilitados por una base de estabilidad presente, como la instauración de la prohibición del incesto, o del mensaje “no te drogues delante del nene”, o un velo que cubra la intimidad, y en su interior se establecen distintos roles, posiciones, funciones que tampoco son previamente instalados.

En el 2009 en la Argentina el matrimonio entre personas del mismo sexo aún no está legalizado, lo cual implica que una pareja de lesbianas o de gays no pueda adoptar, y con este panorama no se tiene en cuenta que desde el campo jurídico se debe tutelar a las personas, sobre todo a los menores.

Las “nuevas” organizaciones familiares desafían, al visibilizarse y luchar por los mismos derechos para todas y todos, a la heteronormatividad ordenadora, heterosexual e impuesta, con vínculos endogámicos. Al haber una falta de ajuste con las realidades del presente, se brega por la deconstrucción de un modelo familiar único y obligatorio.

Volviendo a “Cachorro”, me parece que esta película muestra una familia posible y no intenta normativizarse en la hetero, y que también dentro de las “homoparentales” pueden existir muchas opciones, no sólo se trata de núcleos humanos compuestos por dos papás o por dos mamás.

También permite ver que tener una orientación sexual hetero no es una condición sine qua non para ser una buena madre o un buen padre. Bernardo nació de y convivió sus primeros años con una pareja heterosexual que sin embargo no transmitió la ley, cuestión que sí hizo su tío gay.

El partenaire analista ante estas demandas diversas
Creo que las configuraciones familiares diversas nos hacen a los analistas reformular ciertas teorías y conceptos “intocables” dentro del psicoanálisis. Estos lazos que se construyen en grupos conformados por dos mamás, dos papás, madres transgénero, madre o padre soltera/o lesbiana o gay, etc., nos llevan a repensar los conceptos de complejo de Edipo, las funciones paterna y materna, las identificaciones, las nociones de perversión, del nombre del padre, entre otras.

Lo principal para que un niño se desarrolle de manera sana es recibir amor y estabilidad; ser madre o padre implica tener la capacidad de brindar amor, afecto y educación a un hijo de la mejor forma posible, sea mujer o varón, gay o hetero. El funcionamiento saludable de las familias dependerá de las dinámicas que se establezcan en sus interiores y no de las estructuras de las mismas.

En el imaginario colectivo de esta sociedad occidental, patriarcal, machista no está instalada la idea de hombres que crían a sus hijos, dado que la mujer siempre ha sido vista como la esencial fuente de crianza y cariño para los chicos, no obstante, el hecho de que la mujer tenga un “instinto maternal” no excluye al varón de tener dicha capacidad para desempañar ese rol, cuestión que pareciera desconocer la abuela de Bernardo.

Lo que el analista debería plantearse es qué lleva a cada sujeto –padre o futuro padre- al deseo de hijo y cómo será alojado este último. El sexo biológico y la directa asociación a ciertas conductas de género no tendrían que ser parámetros para mensurar cuán buena es una persona como madre o padre, y sí su idoneidad por ejemplo para la adopción, lo cual conlleva capacidades y estilos educativos adecuados: afecto, deseo, comunicación, normas, exigencias y disciplina razonados, aspectos presentes y desplegados por ese tío.

En palabras de Araceli Fuentes: "La clínica psicoanalítica es el lugar donde el psicoanálisis recoge los efectos que estos cambios tienen sobre los sujetos. Las nuevas familias se ven obligadas a inventar nuevos lazos, siendo éstos fruto de un pacto".

Siguiendo con la frase precedente y los lineamientos de Freud y Lacan, considero que los analistas no debemos retroceder ante la subjetividad de nuestra época y quien no trate de entenderla tendría que pensar en dedicarse a otra cosa, debería renunciar a atender a estas demandas si su rigidez está signada por un ideal de familia a alcanzar.

La película comentada y recomendada recorta una realidad posible de un tipo de familia y nos brinda a los profesionales mucho material, nos presenta desafíos. Lo contrario de abandonar antes de empezar sería posicionarnos como analistas del caso por caso, trabajando primeramente nuestros propios preconceptos, combatiendo miedos, mitos, (in) formándonos constantemente, leyendo estudios y casos, interactuando con otros profesionales (abogados, docentes, etc.) de distintas disciplinas involucradas, para poder alojar correctamente a esos discursos, a esas historias diversas. Tal vez los psicoanalistas tendremos que ampliar nuestro encuadre con otras corrientes más acordes para trabajar estas dinámicas familiares, terapias vinculares, como la escuela sistémica.

Para concluir, tomo el hacerse cargo amorosamente de un otro como un acto ético, un acto de amor, porque amar es responder sin salirse de uno, sin desdibujarse, pero priorizando al otro. Esto es lo que hace este tío del “cachorrito”, lo que implica una buena función de sostén y de padre sustituto: a ese menor lo respeta en sus elecciones y tiempos, lo acompaña, lo escucha y le contesta lo que le pregunta ese niño, le responde algo, que no es lo mismo que cualquier cosa, responde, en fin, con mucho más que palabras.



Alejandro Viedma junto al capítulo de Homoparentalidad, en la APA

Los (otros) clósets

Por ALEJANDRO VIEDMA | Reflexiones acerca de distintos modos de armar placares y las subjetivas salidas de los mismos. Publicado por agmagazine.info el 12 de mayo de 2009.

Del concepto al objeto
Al concepto CLÓSET lo entiendo como nuclear, ordenador y/o catalizador de cientos de temas porque conecta, motoriza y se relaciona con muchísimas nociones como las de la (homo) sexualidad, las represiones (internas y externas) sufridas, las creencias (religiosas, culturales, científicas, políticas), los sentimientos (amorosos, temerosos, angustiosos) aflorados en el ser humano, las dinámicas establecidas dentro de las familias, etc., etc.
Tomo al clóset como un dispositivo, un andamiaje, un aparato sociocultural que es a la vez grupal e individual, y por tener estas características agrupa a otras, como la masividad y la unicidad.
El placard puede adoptar distintas formas, o tal vez sería más adecuado nombrar a los muebles en plural, y por lo antedicho en el párrafo precedente, también puede ser nominado en singular si no dejamos de tener en cuenta que hay tantos clósets como seres humanos que los crean.
Como factor universal, podemos observar que cualquier armario puede hacer las veces de tegumento, de piel, de elemento envolvente y aislante que cobija del mundo exterior y a la vez nunca proscribe la comunicación con el mismo, es decir, siempre que hablemos del clóset tendremos que tener en cuenta que dicha abstracción conlleva la relación, la retroalimentación permanente entre un continente y un contenido.
Entonces, los territorios lindantes estarán divididos por marcos, puertas, materiales diversos como hierro, madera, plástico que pueden actuar como metonimias de lo fronterizo, de los filtros, de lo que el sujeto -que no puede asumir abierta y/o públicamente su orientación sexual- monta en la escena ante un otro: las (no) palabras, las mentiras, los pudores, los remordimientos, las sensaciones de estar atrapado y/o desamparado, el dolor, la bronca por los reproches recibidos posteriormente, entre muchos otros componentes presentes más.
Otro objeto hallable dentro de un placard sería la naftalina, que tiene como finalidad mantener la ropa sin que sea apolillada o, podríamos pensar, para que el sujeto pueda tornarse fuerte, para que exprese su ser en su totalidad, que no luzca con agujeros, debilidades ante los demás “invasores” y pueda ser útil para cuando decida cruzar ese límite, cuando se disponga a dar el/los paso/s subsiguientes.
Roperos distintos, la misma lógica
Si bien casi toda lesbiana y casi todo gay transcurre en su vida por la situación de “enclosetamiento”, no tiene la exclusividad, la única venia para la construcción del placard, es decir, cualquier ser humano puede estar en este estado por equis motivo. El clóset de las lesbianas y los gays es particular, con especificidades, sin embargo, ciertas características también pueden encontrarse en otros sujetos que pueden ser heterosexuales, o sea, establecerse en un clóset va más allá de la orientación sexual o de la identidad de género de la persona encajonada, ya que ese sujeto se interna dentro de un locker, casillero, recoveco o como quiera llamárselo porque a ese rincón lo concibe como una autoprotección, lo funda como mecanismo de defensa.
Actualmente, donde en la Argentina convivimos a diario con el problema de la inseguridad, es pertinente acudir a alegorías: el clóset como símil de la acción de autoblindarse, enfundarse en un chaleco antibalas, manejar y trasladarse en un automóvil con los vidrios polarizados, donde la persona puede observar gran parte de lo que lo rodea mas impide que los otros se adentren en su interior, que lo hieran.
Es en este sentido que puedo pensar en otros clósets, y a modo de ilustración puedo enumerar: el caso de una persona que tiene una relación con un/a amante hace muchos años y vive dicho vínculo escondiéndolo, sin libertad alguna; o el de un sujeto que padece una enfermedad –aquí se puede pensar en un trastorno alimentario, como la bulimia o la anorexia-, y la sufre solo, sin comentárselo a nadie; o el de alguien que es presa de la violencia doméstica, violencia naturalizada desde hace años en el interior de su pareja o su familia, sobre todo en los casos de violencia de género -cuando la mujer no puede hacer otra cosa que mentir, negar o esconder los golpes o al violento porque vive amenazada-; o el de un sujeto a quien le cuesta muchísimo superar una adicción; o el de una persona –sobre todo menor de edad- que ha sufrido o está sufriendo reiterados abusos sexuales. En los casos anteriormente citados y en muchos otros, generalmente se instala el miedo a “hacerle mal al otro” (por ejemplo una mujer golpeada si compartiera su infierno con su madre o con alguna hermana o amiga) si se lo contara, o se vive asustado por el rechazo y por la consecuente condena social, por ende el secreto permanece gelificado en la propia soledad.
Otro ejemplo lo puede constituir algún tipo de emigración ilegal del país de origen. Hace un par de años escuché en la voz de Julieta Venegas una canción que directamente me llevó a imaginarme el clóset, se trataba de “La jaula de oro”, tema popularizado por el grupo Los tigres del Norte. El texto es un testimonio sobre la emigración mexicana, y en más de una oportunidad la Venegas en vivo le dedicó dicha pieza a todos los paisanos que se encuentran en los Estados Unidos. Abajo “pego” la letra de esta canción:
La jaula de oro
Aquí estoy establecido
en los Estado Unidos
diez años pasaron ya.
En que crucé de mojado
papeles no he arreglado
sigo siendo un ilegal.
Tengo mi esposa y mis hijos
que me los traje muy chicos
y se han olvidado ya.
De mi México querido
del que yo nunca me olvido
y no puedo regresar.
De qué me sirve el dinero
si estoy como prisionero
dentro de esta gran nación.
Cuando me acuerdo hasta lloro
que aunque la jaula sea de oro
no deja de ser prisión.
Mis hijos no hablan conmigo
otro idioma han aprendido
y olvidado el español.
Piensan como americanos
niegan que son mexicanos
aunque tengan mi color.
De mi trabajo a mi casa
yo no se lo que me pasa
que aunque soy hombre de hogar.
Casi no salgo a la calle
pues tengo miedo que me hallen
y me puedan deportar
La situación descrita es clara: uno se establece en un lugar donde pasa años, por lo cual luego cuesta salir o correrse de allí. Dicho sitio puede en un momento ofrecer una especie de confort, de peligrosa o (auto) engañosa comodidad, ya que uno necesariamente se convierte en un presidiario en tal circunstancia, pues el silencio, la incomunicación, lo vergonzoso para uno (y para los demás) y la negación provocan angustia, porque hasta los seres queridos y cercanos se vuelven extraños y uno se vuelve ajeno para ellos.
Pareciera como si ese sujeto, en el tratar de olvidarse, escapar o de “hacerse el distraído de la realidad”, se volviese un automatón, una máquina repetitiva porque sólo se dedicaría a caminar por los senderos del “deber ser”, de las obligaciones y de esos temores aparecidos –miedo a que los demás lo rechacen, lo “destierren” si se expusiera tal cual o como es, si tomara las calles- por no cumplir con las exigencias del otro; a posteriori dichas exigencias se interiorizan y se potencian en el sujeto tapado con la consecuencia de ir perdiendo día a día su propia identidad, su “legalidad subjetiva”, situación que puede provocarle –si llegara a estancarse en esa localidad pantanosa por mucho tiempo- un aplastamiento subjetivo.
Mientras un sujeto se envuelva con esa especie de ataúd, de “sobretodo de madera”, se irá objetalizando, quedará cosificado, mimetizado con ese armario, y en un traspaso constante de mixturas que se simbiotizan, ese mueble se irá humanizando porque irá formando parte de esa persona, convirtiéndose en su cascarón.
En el caso de la persona gay o lesbiana que fabrica un clóset, lo hace porque se siente acechada por las miradas que no avalan su modo de vivir su sexualidad y los chismes diseminados se vuelven amenazantes en los oídos de dicha persona.
Lo siniestro, lo ominoso para Freud
Recuerdo haber leído –en los ´90, cuando era estudiante de la carrera de Psicología- Unheimlich (Freud, 1919), que se tradujo como “Lo siniestro, lo ominoso”, pero el año pasado asistí a una clase especial en un posgrado que realicé y mientras escuchaba a la colega oradora, todo el tiempo me invitaba a pensar en el clóset, ropero, placard, ya que en ese texto el padre del psicoanálisis refiere que se produce, en la situación que describe en dichas páginas (invito a los lectores a que busquen y hojeen ese artículo, caso contrario y si reprodujera aquí el mismo, este sería mucho más extenso y tal vez menos entendible), al mismo tiempo la vivencia de sentimientos aparentemente contrarios: lo familiar/hogareño/conocido/entrañable combinado con lo angustioso e intolerable por lo oculto, lo secreto, lo no develado que sale a la luz, como en ese proceso del coming out.
Lo siniestro, lo ominoso, aparece así como aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a “lo familiar”, pero que deviene en “no familiar”, aquello que es familiar y desconocido a la vez. Además, se da la falta de un límite preciso entre los objetos animados e inanimados, y hay un sentido de atemporalidad y de sorpresa, de extrañeza a la vez. Se trata de algo propio que al mismo tiempo es ajeno, lo que me remite al concepto de extimidad, porque hay algo que es interno y externo simultáneamente, como la banda de moebius.
También me interesó lo de la doble función que describe Freud: que no se vea y que sirva de pantalla, y lo conecto con la vivencia de cuando los gays y las lesbianas son tapados o intentan construir mascaradas para que los demás “no sepan” sobre su orientación sexual.

En cuanto a lo siniestro y el armario, lo oculto remitiría a la calavera que yace en el clóset, pero que todos la tienen, de tal manera, lo siniestro se produciría por el encuentro con eso que no debió salir a la luz subjetivamente y es algo instantáneo.
Cuando para cualquier sujeto se vuelve real el encuentro con la sexualidad, ¿hay algo allí que se vivifica como siniestro? Me parece más del orden del velo, en el sentido del arte, el velo que cubre la calavera social que todos ocultamos, el velo como semblante, como máscara.
Tal vez para el Otro social, el hecho de que alguien salga del placard, se lo viva como un momento de despersonalización que puede ser sentido como siniestro, como un doble que no se reconoce.
El acto de decir soy lo que soy
¿De qué está hablando una persona cuando exclama “soy gay”?
El coming out of the closet, el proceso de abrir el placard e ir saliendo del mismo, es un acto que va poniendo de manifiesto lo implícito, lo oculto, el silencio, el disimule.
A dicho proceso lo tomo como un acto ético porque el que despliega la enunciación se transforma en un sujeto que se responsabiliza por lo que ya no calla; hay un antes y un después de esas palabras expresadas, una manifestación visagra donde la posición subjetiva ya no será la misma. Es como cruzar el Rubicón, que le significó al César un cambio en su/la historia.
Los minutos previos a la emisión de las primeras palabras suelen ser los más difíciles de transcurrir para la persona que seguidamente va a decir, por ejemplo: “pa, ma, tengo que hablar con ustedes, necesito decirles algo”.
Ese algo –que no es poco- que se pronuncia en general trae aparejado costes psíquicos y físicos, porque cuando por ejemplo los padres no aprueban la homosexualidad de su hijo/a, este/a último/a en primer lugar sufre un descenso en su autoestima.
Por otra parte, tal circunstancia le aporta a la lesbiana o al gay una capacidad de resiliencia, de volver del salto, de hacerse más fuerte en el reponerse, recuperarse ante la adversidad.
El sujeto que necesita decir que es gay lo hace porque asume una identidad, identidad también sostenida por lo grupal, por un colectivo específico que siente y se expresa de una manera similar –aunque con diferencias-, compartiendo códigos y vivencias comunes. Es un ser que se construye también vía discursiva, en un contexto socializador.
Lo que hay que destacar es que decirlo siempre debe partir de una decisión personal y no de una obligación o presión externa. Todo sujeto es propietario de su vida (en general) y de ejercer y hablar con libertad, si así lo desea, sobre su sexualidad (en particular).
¿El regreso del “muerto vivo”?
Si la entrada en el placard y la permanencia en el mismo nos lleva a la frase “todos tenemos un muerto en el ropero”, el coming out of the closet sería homologable a cuando ese muerto revive o ya no se lo esconde más. ¿Cómo? Vamos por partes, cajón por cajón, estante por estante, percha por percha…
Al placard, como he dicho, en un primer momento se lo siente como un lugar con confort, no obstante al mismo tiempo ese ascensor atascado hace que se vaya pudriendo “eso sin vida” que está en su interior, mudo, inamovible, pero que produce efectos.
Al muerto, al asesinado se lo guarda en el clóset o se lo entierra, muchas veces, en el fondo de la casa, pero si pensamos que lo específico de una lesbiana o de un gay en una etapa de su vida es guardar, ocultar o tratar de aniquilar sus propias pulsiones (por “el qué dirán”), su condición afectivo-sexual, podemos decir que estos sujetos lo hacían porque se los consideraba criminales, como seres abominables a ejecutar. Históricamente se tildó –y aún en varios países de este planeta se sigue tomando- a los actos homosexuales como crímenes, y se los ha ordenado en la categoría de psicopatológicos, perversos desde la ciencia, la disciplina, el derecho, la religión.
Entonces, se destina las cuestiones sexuales a lo más íntimo de lo privado, y la intimidad en una casa generalmente yace en la habitación, por lo que lo más íntimo se guarda, se lo protege más que a otras cosas en el ropero. ¿No son acaso los ladrones los que van directo a ese lugar, porque el mismo es una suerte de refugio, escondite para otros objetos de valor, como el dinero y las joyas?
Por lo tanto, según cada singularidad y las particularidades de la represión de cada quien, habrá diferentes construcciones de armarios: habitan encastrados, grandes, chicos, con varias puertas, con una sola, de diferentes estilos como modernos, antiguos o coloridos, pero también existe una mano de obra común hasta para preparar las salidas de aquellos: la designada por la comunidad en general y el colectivo LGBT en particular, porque asumir una sexualidad disidente, distinta a la heteronormativa, es de alguna manera aceptar que se está o se pasó por un enclosetamiento, ya que no se puede salir de un lugar de donde previamente uno no entró.
Las voces que animan a otras gargantas
Cuando alguien habla, en simultáneo habilita a otro a que lo haga. Ese acto genera más actos, más sujetos se animan a hablar porque la palabra cobra vida: el muerto revive.
Eso me dirige a la cita bíblica “Lázaro, levántate y anda”, ya que hablar es andar-diciendo, sólo que Lázaro no se autonominó en ese acto, contrariamente, el que da la "orden" de ponerse de pie y caminar –de que pueda expresarlo- al gay o a la lesbiana es él/ella mismo/a y ningún Jesús ni voz externa, sino la interna, la propia, el alma de cada quien, su propia determinación.
La salida del clóset es como autodeclararse inocente o al menos no culpable por ser gay, en tanto que lo que parecía muriéndose dentro del sujeto renace y mejora, se transforma porque en un paso previo hubo un giro tremendo en la cosmovisión interna del sujeto, que había internalizado la homofobia. Con esto quiero significar que anteriormente a su salida pública, el sujeto se autoacepta en soledad.
Porque a ese sujeto ya se le hizo insoportable portar un falso self, yo falso izado a medida que su placard iba paseando por los umbrales del nudo borromeo propuesto por Lacan: se pasa del ropero como instancia imaginaria y simbólica para convertirse en algo real, connotado desde lo material, material que hasta puede fragmentarse, sin perder sus otros dos registros.
En algún punto, los que quisieron y pudieron salir del clóset lo hicieron porque han roto el cerrojo de la naturalización del ahogo y en tal sentido las lesbianas y los gays que caminaron, hablaron, se asumieron al fin, pudieron hacer algo distinto a lo que los otros quisieron predestinarlos –incluso cuando los demás quieren que uno calle y vuelva al armario-, y lograron instalar algo del orden de un cambio.
Además, sin desearlo o habiéndolo querido han actuado políticamente, porque es toda una actitud y una cuestión política generar un cambio en uno y en los otros, animar, vitalizar a muertos ajenos también, despertar conciencias. Se convida al semejante a esquivar la condena y simultáneamente también se lo declara inocente antes de que haya un esqueleto.
Es por tal cuestión que el muerto no se terminó de duelar, porque no se trata de algo mórbido real, tal vez nunca llegó a agonizar, a estar en coma porque tomó otro camino y sorpresivamente pudo mejorar notablemente e inyectar, contagiar de salud y de vida a las partes oscuras y reprimidas de los cuerpos, las mentes y los seres vecinos.
Todas las aberturas, los pasos para la salida del placard ayudaron a dar otros pasos. Las salidas de los clósets de los gays y las lesbianas han provocado, entre muchos logros, que nuestra nación junto con otros sesenta y cinco países en diciembre de 2008 en el Organismo de las Naciones Unidas (ONU) votara a favor de un texto que llama a despenalizar la homosexualidad en nuestro planeta.
Incluso las salidas de los clósets hacen que los demás salgan de otros clósets que no tengan que ver –o sí- con la sexualidad. Quizás, y por otro lado, estimado lector, la previa salida del clóset de un ser cercano a ti, sobre algún tema o cuestión personal, te ha permitido hacer tu propio camino de visibilidad…
Porque aunque Benedicto XVI se empeñe en lo contrario, hay algo del orden de la inevitabilidad: los cambios sociales son inevitables, es inevitable que no se den, que no muten las realidades en un mundo pleno de configuraciones inevitablemente diversas y visibles.